El rincón del sur de Francia donde nació uno de los aguardientes más antiguos del mundo

El coñac es una bebida muy conocida de Francia. Sin embargo, existe otra también muy antigua y muy reconocida en el país, que para muchos en el exterior pasa desapercibida y hay un lugar donde esta bebida es el centro de todo.

Francia es mucho más que postales elegantes y grandes capitales culturales, también es un país que guarda su esencia en territorios discretos donde la historia se bebe a sorbos lentos. Francia sorprende en el sur con un rincón poco dado al ruido, donde las tradiciones no se exhiben, se practican, y donde uno de los aguardientes más antiguos del mundo sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana sin necesidad de compararse con nadie.

Francia mira a menudo al coñac como su destilado estrella, pero en el corazón de la Gascuña hay quien pronuncia otra palabra con orgullo casi reverencial: Armagnac. Aquí no es una bebida, es una herencia. En el departamento de Gers, entre colinas suaves, viñedos y pueblos de piedra, este aguardiente forma parte de la identidad colectiva desde hace siglos, tanto que su historia se confunde con la del propio territorio.

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Tradición, técnica y una historia eclipsada

“Coñac, competencia del Armagnac”. Fuente: Wikipedia

Francia también es un país de comparaciones inevitables, y es por eso que el armagnac ha vivido siempre bajo la sombra del coñac, más conocido y mejor posicionado históricamente. La razón no fue la calidad, sino la geografía. Cognac tenía una conexión directa con Burdeos, desde donde partían los vinos hacia los mercados británicos y holandeses, mientras que trasladar el armagnac desde el interior resultaba mucho más complicado.

No fue hasta el siglo XIX, con la construcción de canales y la llegada de alambiques portátiles, cuando el armagnac empezó a abrirse al exterior. Surgieron entonces grandes casas productoras y una nueva etapa de expansión. Hoy, Francia recupera ese legado con alojamientos como Le Chais, antigua mansión reconvertida en hotel, donde todo invita a disfrutar sin prisas, igual que un buen armagnac.

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