Navarra guarda pequeños secretos que no siempre aparecen en las guías rápidas ni en las rutas más transitadas, pero que explican mejor que nada la profundidad histórica de esta tierra. Entre montes suaves, campos abiertos y un paisaje que invita a bajar el ritmo, hay rincones donde el pasado no se ha borrado, sino que sigue formando parte del día a día. Uno de ellos conserva, casi intacta, una de las calzadas romanas más impresionantes del norte peninsular.
En el corazón de Navarra, a escasos treinta kilómetros de Pamplona, se levanta un pueblo pequeño en tamaño, pero enorme en memoria. Zirauki, también conocido como Cirauqui, pertenece a la merindad de Tierra Estella y es uno de esos lugares donde la historia se pisa literalmente con los pies. Aquí no solo se visita un pueblo, se camina sobre siglos de vida, de tránsito y de encuentros que han dejado huella en la piedra.
1Un pueblo de Navarra donde el tiempo se quedó a vivir
Zirauki no es un museo al aire libre, es un pueblo vivo que ha sabido mantener su identidad sin renunciar al paso de quienes llegan. En esta parte de Navarra, el paisaje y la arquitectura dialogan de forma natural. Desde lo alto, el caserío de piedra se adapta al terreno, con calles estrechas que conservan ese aire defensivo heredado de la Edad Media.
Aunque en Navarra abundan los pueblos con encanto, Zirauki destaca por su equilibrio entre lo rural y lo histórico. Aquí conviven los vecinos de siempre con peregrinos y viajeros que buscan una Navarra más tranquila, lejos del ruido, donde aún se puede escuchar el eco de otras épocas al caminar por sus calles empedradas.

