Navarra guarda pequeños secretos que no siempre aparecen en las guías rápidas ni en las rutas más transitadas, pero que explican mejor que nada la profundidad histórica de esta tierra. Entre montes suaves, campos abiertos y un paisaje que invita a bajar el ritmo, hay rincones donde el pasado no se ha borrado, sino que sigue formando parte del día a día. Uno de ellos conserva, casi intacta, una de las calzadas romanas más impresionantes del norte peninsular.
En el corazón de Navarra, a escasos treinta kilómetros de Pamplona, se levanta un pueblo pequeño en tamaño, pero enorme en memoria. Zirauki, también conocido como Cirauqui, pertenece a la merindad de Tierra Estella y es uno de esos lugares donde la historia se pisa literalmente con los pies. Aquí no solo se visita un pueblo, se camina sobre siglos de vida, de tránsito y de encuentros que han dejado huella en la piedra.
2La calzada romana que atraviesa la historia de Navarra
Uno de los grandes tesoros de este pueblo de Navarra está en sus alrededores. La calzada romana de Iguste, con unos 3,5 kilómetros de longitud, es una de las mejor conservadas de toda la comunidad foral. Formaba parte de una antigua vía de comunicación que unía el valle de Guesálaz con la ciudad romana de Andelos, prueba de la importancia estratégica que tuvo esta zona desde muy temprano.
Caminar por esta calzada es entender cómo Roma dejó una huella profunda en Navarra. Las piedras siguen ahí, firmes, resistiendo siglos de lluvia, sol y pasos. Su estado de conservación sorprende incluso a quienes conocen bien el patrimonio romano del norte de España y la sitúa como una de las calzadas más bellas no solo de Navarra, sino de todo el territorio septentrional.






