Navarra guarda pequeños secretos que no siempre aparecen en las guías rápidas ni en las rutas más transitadas, pero que explican mejor que nada la profundidad histórica de esta tierra. Entre montes suaves, campos abiertos y un paisaje que invita a bajar el ritmo, hay rincones donde el pasado no se ha borrado, sino que sigue formando parte del día a día. Uno de ellos conserva, casi intacta, una de las calzadas romanas más impresionantes del norte peninsular.
En el corazón de Navarra, a escasos treinta kilómetros de Pamplona, se levanta un pueblo pequeño en tamaño, pero enorme en memoria. Zirauki, también conocido como Cirauqui, pertenece a la merindad de Tierra Estella y es uno de esos lugares donde la historia se pisa literalmente con los pies. Aquí no solo se visita un pueblo, se camina sobre siglos de vida, de tránsito y de encuentros que han dejado huella en la piedra.
3Del románico al Camino de Santiago pasando por Zirauki
La Edad Media también dejó una marca profunda en Zirauki. El trazado urbano del pueblo refleja ese pasado defensivo, con calles que serpentean y edificios que cuentan la evolución de los estilos arquitectónicos. La iglesia de San Román es uno de los ejemplos más claros, combinando elementos románicos y góticos que hablan de distintas etapas constructivas.
A todo esto se suma el Camino de Santiago, que atraviesa el núcleo del pueblo y forma parte inseparable de su identidad. Desde hace siglos, Navarra es tierra de paso y acogida, y Zirauki lo demuestra cada día. Peregrinos de toda Europa han dejado su rastro aquí, mezclando sus historias con las del pueblo y reforzando esa sensación de lugar donde el tiempo no se detuvo, pero tampoco se olvidó de mirar atrás.






