Las calles de Madrid han vivido una auténtica batalla estos días de festividad navideña con unos datos escalofriantes en cuanto a agresiones realizadas con armas blancas. Y es que según ha podido conocer este medio, durante el periodo festivo que abarca desde el 22 de diciembre de 2025 hasta el 7 de enero del 2026 la capital ha sido testigo de cerca de medio centenar de agresiones con armas blancas, que además han dejado dos fallecidos. Unas cifras que han despertado las alarmas y que vislumbran el aumento de la violencia en Madrid donde las violentas noches de «cuchillos largos» asustan a los vecinos de la capital.
Y es que el balance de las fiestas navideñas en Madrid ha dejado un rastro de sangre que empaña cualquier dato de afluencia turística o éxito comercial. Entre el 22 de diciembre y el 7 de enero, la capital y su área metropolitana han registrado una preocupante escalada de violencia que se ha saldado con 45 agresiones por arma blanca, dos personas fallecidas y decenas de heridos, varios de ellos en estado crítico. Esta sucesión de navajazos, que ya no parece responder a hechos aislados sino a una tendencia estructural, ha dinamitado la tregua política entre el Palacio de Cibeles y la Delegación del Gobierno, desencadenando un cruce de reproches sobre quién ostenta la responsabilidad de la seguridad en las calles madrileñas. Donde el Ayuntamiento se felicita por su gestión en la seguridad de la capital y desde la Delegación del Gobierno no se ofrece ninguna solución o apoyo para afrontar este grave problema.
La cronología del terror comenzó a fraguarse en las vísperas de Nochebuena y alcanzó su punto más trágico con dos homicidios que han conmocionado a la opinión pública. El primero de ellos tuvo lugar en el distrito de Puente de Vallecas, donde un joven perdió la vida tras recibir una herida penetrante en el tórax durante una reyerta. Pocos después, la violencia se trasladó al distrito de Chamberí, donde otra agresión mortal confirmó que el uso de navajas de grandes dimensiones se ha convertido en el recurso primario para la resolución de conflictos entre bandas juveniles o en enfrentamientos nocturnos, muchos de ellos relacionados con el menudeo de drogas.

DISTRITOS MÁS AFECTADOS
La geografía del miedo en esta Navidad se ha concentrado en puntos muy específicos de la capital, evidenciando una brecha de seguridad que afecta principalmente a los distritos del sur y del este, aunque sin excluir el centro histórico. Usera, Carabanchel y Villaverde han vuelto a encabezar las estadísticas de intervenciones de los servicios de emergencias Samur-PC por heridas de arma blanca. Estos barrios, que ya estaban bajo el foco del Plan de Actuación contra las Bandas Juveniles, han vivido noches de extrema tensión donde la presencia policial no ha sido suficiente para disuadir a los agresores.
Sin embargo, la oleada no se ha detenido en la periferia. El distrito de Tetuán y barrios céntricos como Arganzuela o Chamberí también han registrado incidentes graves, elevando la cifra total de heridos a niveles que no se recordaban en un periodo festivo tan breve. La policía destaca que la letalidad de los ataques ha aumentado, no solo por la intención de los agresores, sino por el tipo de armamento utilizado: armas blancas de fabricación industrial que causan daños irreversibles en órganos vitales. Esta situación ha llevado a los vecinos de las zonas más afectadas a denunciar una sensación de desprotección creciente, asegurando que el control de las plazas y parques parece haber pasado a manos de grupos violentos que actúan con total impunidad ante la falta de efectivos de patrullaje a pie.

CHOQUE INSTITUCIONAL: ENTRE LA FALTA DE POLICÍAS Y LA NEGACIÓN DE LA REALIDAD
La gravedad de las cifras ha provocado una reacción inmediata del Ayuntamiento de Madrid. Desde el equipo de gobierno de José Luis Martínez-Almeida se ha lanzado una petición formal y urgente al Ejecutivo central: el fin de la tasa de reposición para poder convocar las 1.000 plazas de Policía Municipal que, según los cálculos municipales, le faltan a la ciudad. El Ayuntamiento argumenta que la seguridad ciudadana es una competencia compartida y que, ante la evidente «oleada de criminalidad» con armas blancas, es imperativo que el Gobierno de España permita al consistorio reforzar sus plantillas para realizar labores de prevención y vigilancia que ahora mismo están desbordadas.
La respuesta de la Delegación del Gobierno no se ha hecho esperar, y ha llegado cargada de contundencia semántica. Francisco Martín, delegado del Gobierno en Madrid, ha comparecido para tratar de rebajar la alarma social, calificando la situación de Madrid como la de una de las capitales «más seguras del mundo». Martín ha rechazado de plano la narrativa de una «crisis de seguridad» y ha acusado al Ayuntamiento de utilizar los sucesos trágicos de forma interesada para desviar la atención de sus propias responsabilidades. En boca del delegado, los datos deben analizarse con perspectiva y no basándose en la «acumulación puntual» de hechos de sangre durante las Navidades.

Francisco Martín ha insistido en que la Policía Nacional y la Guardia Civil están realizando un «esfuerzo sin precedentes» y que el número de detenciones y de armas incautadas ha crecido exponencialmente gracias a los operativos especiales. Sin embargo, para el Ayuntamiento, estas explicaciones son insuficientes si el resultado final son 45 ataques y dos cadáveres en quince días. La disputa se centra ahora en la interpretación de las estadísticas: mientras la Delegación se apoya en los índices de criminalidad general para hablar de normalidad, Cibeles pone el foco en la percepción ciudadana y en la especificidad de los delitos con arma blanca, que generan un impacto social mucho más profundo que el hurto o la estafa.
El cierre de este periodo navideño deja a Madrid en una encrucijada. Con las administraciones enfrentadas por la gestión de los recursos y el diagnóstico de la violencia, la ciudad espera que el inicio del nuevo año traiga un plan de choque real que vaya más allá del intercambio de declaraciones. Los vecinos de Usera, Tetuán y Villaverde, mientras tanto, contemplan con escepticismo un debate político que no parece frenar el brillo del acero en sus calles.






