Valencia guarda en su mapa pequeños municipios que no hacen ruido, pero que sostienen una identidad cultural tan sólida que hoy se atreven a mirar a Europa de frente. Lejos de los grandes focos urbanos, hay pueblos que han entendido que su historia, sus oficios y su manera de vivir también son cultura, y que esa herencia merece ser contada con orgullo y sin complejos.
En ese contexto, Valencia asiste a una candidatura poco habitual que rompe esquemas y plantea un cambio de mirada. Un pueblo pequeño, de apenas un millar de vecinos, se propone demostrar que la cultura no depende del tamaño, sino de la profundidad del legado. Cerámica, agua y arte no son aquí conceptos abstractos, sino una forma de vida que ha atravesado siglos y que ahora quiere convertirse en bandera europea.
1El pueblo de Valencia que desafía el modelo urbano
Valencia vuelve a situarse en el centro del debate cultural gracias a Potries, el primer municipio de menos de 5.000 habitantes que logró ser Capital Cultural Valenciana y que ahora aspira a convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031. Lo hace sin complejos, consciente de que compite con grandes ciudades, pero convencido de que su propuesta conecta con una Europa que empieza a mirar al mundo rural con otros ojos.
El mensaje es claro y lo resume Sergi Vidal con una frase que ya se ha convertido en lema: “ser capital no solo para un pueblo, sino para todos aquellos que luchan cada día por mantener viva la cultura rural”. En una comunidad como Valencia, donde el equilibrio entre tradición y modernidad es una constante, Potries se presenta como un ejemplo de cómo el patrimonio puede ser motor de cohesión y futuro.






