La berenjena lleva años intentando sacudirse ciertos prejuicios que no siempre le han hecho justicia, pues a pesar de su aspecto inconfundible y de su presencia habitual en la cocina mediterránea, durante mucho tiempo fue vista como un alimento menor, casi de relleno, cuando en realidad es una hortaliza con un perfil nutricional más interesante de lo que parece. Hoy, cada vez más estudios y especialistas coinciden en que incluir la berenjena con frecuencia en la dieta puede tener efectos positivos claros, especialmente en órganos tan delicados como los riñones.
Hablar del efecto real de la berenjena en la salud renal implica ir más allá de titulares llamativos y fijarse en cómo actúa en el cuerpo cuando se consume de forma habitual y bien preparada. No es un superalimento milagroso, pero sí una aliada silenciosa que suma, sobre todo en un contexto de alimentación equilibrada. Y ahí es donde la berenjena empieza a ganar protagonismo, no por moda, sino por razones bastante sólidas.
2Fibra, antioxidantes y protección renal
Otro de los grandes valores de la berenjena está en su contenido en fibra y antioxidantes, especialmente concentrados en la piel. Consumirla sin pelar permite aprovechar compuestos fenólicos que ayudan a combatir el estrés oxidativo, un factor que también influye en el deterioro progresivo de la función renal. La fibra, por su parte, contribuye a regular los niveles de azúcar y colesterol en sangre, dos parámetros estrechamente ligados a la salud de los riñones a largo plazo.
Cuando estos niveles se mantienen estables, el sistema renal trabaja con menos presión y menor riesgo de daño. Por eso, incluir la berenjena de forma regular puede ser una estrategia sencilla para apoyar la salud general, siempre entendiendo que actúa como complemento y no como sustituto de otros cuidados médicos o nutricionales necesarios.






