Las frutas siempre han estado ahí, en el centro de cualquier conversación sobre alimentación saludable, casi como un consejo heredado que nadie discute pero que pocos analizan con calma. Desde la infancia se repite la idea de que comer esto es sinónimo de cuidarse, de prevenir enfermedades y de darle al cuerpo justo lo que necesita para funcionar bien. Y no es un mito, pues las frutas aportan agua, fibra, vitaminas y antioxidantes que sostienen la salud a largo plazo, especialmente cuando forman parte de una dieta variada y constante.
Las frutas, sin embargo, no son todas iguales ni actúan de la misma manera en el organismo, algo que cada vez subrayan más los especialistas. El gastroenterólogo Saurabh Sethi, médico formado en Harvard, ha puesto el foco en este matiz al recordar que consumir cinco piezas al día puede ayudar a prevenir enfermedades como el cáncer, pero también advierte de que algunas conviene moderarlas si pensamos en la salud intestinal.
1Las frutas como base de una dieta protectora
Las frutas ocupan un lugar privilegiado en la prevención de enfermedades crónicas porque aportan compuestos que el cuerpo no puede fabricar por sí solo. Fibra soluble, polifenoles y antioxidantes trabajan juntos para reducir la inflamación, mejorar la digestión y proteger las células frente al daño oxidativo, un factor clave en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.
Sethi recuerda que la recomendación de cinco piezas de fruta al día no es casual, sino que responde a estudios que muestran cómo una ingesta regular ayuda a mantener una microbiota intestinal diversa y activa. Y esa diversidad microbiana es, hoy por hoy, uno de los pilares de la salud digestiva y del sistema inmunitario.






