Forbes borra casi toda España del mapa de 2026 y solo perdona a estos dos destinos

La prestigiosa publicación norteamericana ha dado un vuelco a sus recomendaciones habituales para el próximo año, ignorando los enclaves costeros masificados para centrar su atención exclusivamente en dos gigantes culturales. Este giro editorial redefine lo que el viajero de alto poder adquisitivo buscará en nuestro país a corto plazo, dejando a muchas regiones turísticas clásicas compuestas y sin novio ante la mirada internacional.

Cuando una cabecera tan influyente como Forbes emite su veredicto anual sobre dónde hay que viajar, la industria turística española contiene el aliento y saca la calculadora con cierto nerviosismo. Lo curioso de esta edición es que ha decidido ignorar la inmensa mayoría del territorio nacional, relegando al olvido nuestras playas infinitas y las islas que suelen copar los rankings veraniegos de forma casi automática.

Solo dos nombres han sobrevivido a esta quema mediática, erigiéndose como los únicos bastiones dignos de visita para el turista norteamericano exigente: la vibrante Madrid y la inagotable Andalucía. Resulta llamativo ver cómo el foco se desplaza hacia la autenticidad y el patrimonio, dejando claro que el «todo incluido» ya no cotiza al alza en la bolsa de valores del turismo de lujo global que maneja la revista.

El fin de la hegemonía del «Sol y Playa»

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Llevamos décadas vendiendo España como un paraíso inagotable de hamacas y chiringuitos, pero los analistas internacionales parecen haberse cansado de ese monocultivo vacacional tan nuestro que empieza a mostrar grietas. La realidad es que el viajero premium busca ahora experiencias más sofisticadas que pelearse por una sombrilla en primera línea de mar a las ocho de la mañana o hacer cola en un buffet libre. E

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No es que nuestras costas hayan dejado de ser bonitas de repente, es que la competencia global aprieta y el perfil del visitante ha mutado hacia alguien intelectualmente más inquieto y menos gregario. Ocurre que se valora más una buena pinacoteca o un casco histórico bien conservado que tres kilómetros de arena abarrotada de turistas despistados luchando contra el calor.

Madrid o la reconquista urbana según Forbes

La capital ha logrado sacudirse esa imagen rancia de ciudad de paso administrativa para convertirse en un destino finalista que compite de tú a tú con Londres o Nueva York en los listados de Forbes. Se nota que la explosión gastronómica y hotelera de los últimos años ha surtido efecto, colocando a Madrid en una posición de privilegio absoluto que hace una década hubiera parecido una broma de mal gusto.

Lo que atrae ahora es el estilo de vida, esa mezcla castiza y cosmopolita que permite comer en un tres estrellas Michelin y acabar tomando cañas mal tiradas pero gloriosas en La Latina. Dicen los expertos que esa dualidad es precisamente lo que enamora al extranjero, que encuentra en la capital una autenticidad difícil de replicar en otras metrópolis europeas mucho más encorsetadas y aburridas.

Andalucía y el hechizo del sur eterno

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El sur siempre ha tenido un color especial, pero ahora cuenta además con el beneplácito oficial de los prescriptores estadounidenses que buscan raíces profundas y no solo decorados de cartón piedra. Es evidente que la riqueza monumental de ciudades como Sevilla o Granada pesa mucho más en la balanza de los editores que cualquier complejo turístico de hormigón armado construido en los años setenta.

Andalucía ofrece un relato, una narrativa poderosa que engancha al visitante desde el primer minuto y que justifica cruzar el Atlántico solo para pisar sus calles encaladas o perderse en la Alhambra. Al final, se trata de vender emociones y legado cultural, algo que esta tierra exporta con una naturalidad pasmosa sin necesidad de grandes campañas de marketing artificiales que suenan a hueco.

¿Qué pasa con el resto del mapa español?

Resulta doloroso, e incluso algo injusto, ver cómo destinos de talla mundial como el País Vasco, con su gastronomía imbatible, o la siempre cosmopolita Barcelona quedan fuera de este radar tan selecto para 2026. Quizás sea un toque de atención para que nadie se duerma en los laureles del éxito pasado, recordándonos que en el turismo internacional la memoria es extremadamente corta y la exigencia cada vez más máxima.

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Esta criba no debe interpretarse únicamente como un desprecio, sino como una señal inequívoca y potente de hacia dónde vira el mercado del lujo para los próximos años. Está claro que la apuesta por la calidad frente a la cantidad será la única vía posible para que el resto de regiones vuelvan a entrar en estas codiciadas listas de Forbes en el futuro.

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