Castellón esconde lugares que sorprenden sin necesidad de grandes reclamos, rincones donde la historia y la naturaleza se dan la mano de forma sencilla y muy fácil de entender. En el interior de la provincia, lejos del turismo masivo, hay pueblos que conservan su esencia y ofrecen planes completos en muy poco espacio, donde no hace falta correr ni planificar demasiado, basta con dejarse llevar.
Castellón muestra uno de esos ejemplos en un pueblo donde las torres medievales marcan el horizonte y los caminos conducen, casi sin avisar, a un embalse de aguas turquesas. Hablamos de Onda, un lugar que combina patrimonio, cerámica y paisaje natural, y que permite pasar del casco histórico a la montaña o al agua en cuestión de minutos.
1Un pueblo construido alrededor de su castillo
Castellón tiene en Onda uno de sus perfiles más reconocibles. El castillo, de origen andalusí, se alza sobre una colina y domina todo el pueblo con sus más de treinta torres todavía en pie. Aunque la leyenda hablaba de cientos de torres, la realidad ya impresiona por sí sola y ayuda a entender la importancia estratégica que tuvo este enclave durante siglos.
Desde lo alto se observa cómo el casco urbano se adapta a la ladera, con calles estrechas, casas blancas y fachadas decoradas con cerámica. Castellón se entiende aquí a través de su pasado medieval, con barrios antiguos que conservan arcos, patios y rincones que invitan a caminar despacio y mirar alrededor.





