Ciao, Gallardo, adiós

Era la crónica de una caída anunciada. Miguel Ángel Gallardo no ha aguantado más el pulso y ha presentado hoy su dimisión irrevocable, asfixiado por el cerco de la UCO y el desgaste insoportable del 'caso hermano'.

Al final, la cuerda se ha roto por donde todos sabíamos que se iba a romper. Miguel Ángel Gallardo ha dicho basta. O quizás, y siendo más precisos, le han dicho «hasta aquí». La dimisión presentada hoy, que le aparta tanto de la Secretaría General del PSOE extremeño como de la presidencia de la Diputación de Badajoz, cierra uno de los capítulos más convulsos de la política regional reciente.

La mochila pesaba demasiado

Seamos sinceros: lo raro es que haya aguantado hasta enero de 2026. La situación de Gallardo hacía tiempo que había dejado de ser política para convertirse en una trinchera judicial. La sombra del ‘caso David Azagra’ (el hermano de Pedro Sánchez) y las continuas visitas de la UCO a la Diputación habían convertido su gestión en un campo de minas. No se puede liderar la oposición en la Junta y pretender recuperar la confianza de los extremeños cuando te pasas la mitad de la semana dando explicaciones sobre contratos, despachos precintados y correos electrónicos incautados.

El cortafuegos de Ferraz

Gallardo se va disparando contra la «máquina del fango» y la «persecución política», un clásico del manual de resistencia. Pero entre líneas se lee otra historia: la de un PSOE nacional que ya no podía permitirse tener este flanco abierto. Con las elecciones autonómicas asomando en el horizonte de 2027, mantener a un líder quemado por la sospecha era un suicidio electoral. Ferraz ha tardado, pero al final ha activado el cortafuegos. Soltar lastre ahora les da un año y medio para intentar reconstruir algo parecido a una alternativa.

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Un PSOE extremeño en los huesos

El adiós de Gallardo deja al socialismo extremeño en una situación crítica, casi de orfandad. El partido, que durante décadas consideró Extremadura su cortijo inexpugnable, se encuentra ahora descabezado y con la moral por los suelos. La «era Gallardo», que prometía renovación tras la salida de Vara, se ha quedado en un paréntesis lleno de ruido y pocas nueces.

Ahora empieza el verdadero drama: la sucesión. Buscar un rostro nuevo, limpio de polvo y paja, que quiera ponerse al frente de un barco que hace aguas mientras María Guardiola, desde la Junta, observa el espectáculo con la tranquilidad de quien ve a su rival autodestruirse.

El legado

¿Qué deja Gallardo? Un partido dividido y una institución, la Diputación de Badajoz, bajo la lupa del microscopio judicial. Su salida no detiene las investigaciones en curso, por supuesto, pero al menos saca la presión de la primera línea política diaria.

Ciao, Gallardo. Fue intenso, bronco y, al final, insostenible. Te vas tú, pero el lío se queda. Ahora le toca a otros limpiar la casa y ver si todavía están a tiempo de salvar los muebles o si el PSOE extremeño se prepara para una larga travesía por el desierto.

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