De la broma al pánico: Trump va en serio a por Groenlandia

Alarma diplomática: Dinamarca confiesa a España que no podrá frenar la compra de Groenlandia por Trump. Grecia teme que este precedente desate la anexión turca de las islas del Egeo. El mapa mundial, a punto de cambiar.

Lo que hace unos años parecía una ida de olla de Trump, hoy ya no tiene ninguna gracia. La presión diplomática es real y amenaza con cambiar el mapa del Ártico antes de que acabe el año. Pero ojo, que el miedo de verdad no está en el hielo, sino en el Mediterráneo. Si Trump se sale con la suya y se queda con la isla, se abre la veda para que estallen otros líos en el sur de Europa.

El deshielo ya no es solo un tema climático; ahora es una subasta de terrenos a lo bestia. En Copenhague están asustados y admiten en «petit comité» que no pueden con Washington. Y en Atenas están peor: piensan que si se normaliza esto de «comprar países», Turquía se va a venir arriba con las islas del Egeo.

Europa no tiene cómo pararlo

Seamos claros: en Europa saben que no tienen recursos para frenar a Trump. No son rumores de pasillo, son avisos serios. Dinamarca, socio leal de la OTAN, ya le ha contado a España que la oferta americana no es inmobiliaria, es un ultimátum: o hay acuerdo (venta o cesión), o les hunden la economía. Trump quiere esa isla como su gran trofeo de 2026 y no va a parar.

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Mientras todos miran al norte, en el sur hay un silencio incómodo. Saben que si se rompe el tabú de las fronteras en el Ártico, en Europa ya nada es seguro.

Se acabó la risa

Hace siete años nos reíamos de los tuits, pero ahora en el parlamento danés hay caras largas. Ya no son mensajes en redes, es política agresiva con amenazas de aranceles. La primera ministra danesa está entre la espada y la pared. Se comenta que, para no quedar mal diciendo que han vendido el país, lo disfrazarán de un «alquiler de 99 años». Al final es lo mismo: entregarle las llaves a EE.UU.

El efecto rebote: miedo en Grecia

Y aquí viene el lío gordo. Grecia está temblando. La lógica es simple: si la mayor potencia del mundo puede redibujar fronteras pagando, ¿qué impide que otros lo hagan por la fuerza? A los griegos les aterra que Turquía vea esto como luz verde para ir a por las islas del Egeo con cualquier excusa, reventando el estatus quo europeo.

¿Por qué lloran en la Moncloa?

Que los daneses hayan venido a contárselo a España no es casualidad. Buscan aliados desesperadamente. Saben que España, con sus propios líos territoriales y la base de Rota, entiende bien el peligro. El mensaje es claro: si Groenlandia cae, Europa queda como un simple tablero de juego donde los gigantes se reparten el pastel sin contar con Bruselas.

Todo es por las tierras raras (y por China)

No nos engañemos, esto no va de poner banderitas, va de ganar la guerra tecnológica a China. Groenlandia está llena de tierras raras para hacer chips, baterías y armas. EE.UU. no compra hielo, compra independencia minera. Trump romperá los platos que haga falta para que esos recursos no acaben en manos de Pekín.

La vuelta a la ley del más fuerte

Si acaba 2026 con bandera americana en Nuuk, hemos cruzado la línea. Volvemos a un mundo donde el tamaño de la cartera dicta las fronteras. Para Europa es una pesadilla: la soberanía se convierte en un producto de mercado, y en ese bazar, nosotros tenemos mucho territorio que perder y muy poco dinero político para comprar nuestra seguridad.

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