Amaia Montero sorprendió al panorama musical español con unas declaraciones que estremecieron a sus seguidores durante su reaparición pública en julio de 2024. La cantante, que permaneció alejada de los escenarios durante meses, reveló haber vivido una experiencia cercana a la muerte tras su ingreso en la UCI del hospital Beata María Ana. Lo que comenzó como una operación rutinaria en la mano derivó en complicaciones graves que pusieron en riesgo su vida.
La artista vasca habló abiertamente sobre cómo aquellos días en cuidados intensivos marcaron un antes y un después en su existencia. «Vi la luz al final del túnel», confesó con una vulnerabilidad inusual en una figura pública de su talla. Su testimonio ha abierto un debate necesario sobre la salud mental en la industria musical y la presión que enfrentan los artistas bajo el escrutinio mediático constante.
El ingreso crítico que cambió su vida
Las complicaciones surgieron de manera inesperada tras una intervención quirúrgica menor en la mano que Amaia se realizó a mediados de 2023. Lo que los médicos consideraban un procedimiento sencillo se convirtió en una crisis sanitaria cuando desarrolló una infección grave que requirió su traslado inmediato a la unidad de cuidados intensivos. Durante diez días, su estado fue crítico y los profesionales sanitarios trabajaron contrarreloj para estabilizarla.
La cantante permaneció ingresada bajo estricta vigilancia médica mientras su familia y allegados mantenían la esperanza. Los partes médicos hablaban de una evolución favorable pero lenta, mientras en redes sociales miles de fans expresaban su apoyo incondicional. Aquella experiencia límite en la UCI coincidió además con un momento de profunda fragilidad emocional que la artista venía arrastrando desde hacía tiempo.
Fue precisamente durante su convalecencia cuando Amaia tomó conciencia de la importancia de priorizar su bienestar integral. Los profesionales que la atendieron no solo trataron sus dolencias físicas, sino que detectaron la necesidad de abordar aspectos relacionados con su salud mental que habían quedado relegados por años de exigencia profesional. Montero pasó un postoperatorio complicado, ya que no habría seguido al pie de la letra las directrices médicas que pautaron los facultativos después de la intervención.
Las señales que no supo interpretar a tiempo
Antes de aquel episodio crítico, la exintegrante de La Oreja de Van Gogh había mostrado señales evidentes de agotamiento emocional. Sin embargo, la vorágine de compromisos y la presión por mantener su imagen pública impidieron que prestara atención a las alarmas que su cuerpo y mente le enviaban. Ahora, con perspectiva, identifica aquellos momentos como cruciales:
✓ Episodios de ansiedad recurrentes que minimizaba ante su equipo
✓ Insomnio crónico derivado del estrés y las giras constantes
✓ Aislamiento progresivo de amigos y familiares cercanos
✓ Dificultad para disfrutar de actividades que antes le apasionaban
✓ Pensamientos intrusivos sobre el sentido de su carrera artística
Especialistas en salud mental consultados por diversos medios coinciden en que el caso de Montero refleja una problemática extendida en el sector del entretenimiento. La presión constante, las expectativas desmedidas y la falta de espacios seguros para expresar vulnerabilidad crean un caldo de cultivo perfecto para crisis como la que vivió la cantante. Su valentía al compartir su experiencia abre camino para que otros artistas reconozcan situaciones similares, tal como lo hizo el cantante J Balvin al hablar de sus propios ataques de ansiedad.
La reaparición que marcó un renacimiento
El concierto de Karol G en el Santiago Bernabéu se convirtió en el escenario perfecto para el regreso de Amaia Montero a la vida pública el 21 de julio de 2024. La cantante colombiana, conocida por su sensibilidad y empatía, invitó a la española al escenario para interpretar juntas «Rosas», aquel himno generacional que marcó toda una época. El momento se volvió viral en minutos y millones de personas presenciaron las lágrimas de emoción de ambas artistas.
Aquella noche de julio, Montero no solo cantó ante miles de personas, sino que simbolizó su proceso de sanación ante el mundo. Su voz, todavía frágil pero llena de emoción, transmitió toda la intensidad de su experiencia vital tras dos años fuera de los escenarios. Amaia apareció con un vestido blanco azulado y fue recibida con vítores, miles de cámaras grabando el momento y con el público coreando el tema.
Después de aquel momento catártico, la cantante ha mantenido un perfil bajo pero activo en la defensa de la salud mental. Ha participado en charlas y colaborado discretamente con organizaciones especializadas, aunque evita conscientemente la sobreexposición mediática que tanto daño le causó en el pasado. Las redes sociales se llenaron de mensajes describiendo la colaboración como «momento único», «detallazo» y «sorpresa».
Una nueva vida lejos del circuito comercial
Actualmente, Amaia Montero ha rediseñado completamente sus prioridades vitales y profesionales. Reside la mayor parte del tiempo en su San Sebastián natal, donde encuentra la tranquilidad necesaria para continuar su proceso terapéutico. La cantante ha dejado claro que no tiene intención de regresar a las dinámicas agotadoras de giras y promociones constantes que caracterizaron su etapa con La Oreja de Van Gogh desde 1996 hasta 2007 y sus primeros años como solista.
Su nueva vida se centra en proyectos creativos personales sin fechas límite ni presiones externas. Compone música para sí misma, sin la obligación de lanzar discos que respondan a expectativas comerciales tras cuatro álbumes de estudio como solista entre 2008 y 2018. Esta decisión, aunque supone renunciar a ingresos millonarios, le ha proporcionado una paz mental que considera invaluable tras haber rozado la muerte.
La artista mantiene contacto selectivo con medios de comunicación y solo acepta entrevistas donde pueda controlar los temas a tratar. Su testimonio ha inspirado a miles de personas que luchan contra problemas similares, demostrando que reconocer la fragilidad no es señal de debilidad sino de valentía. Amaia Montero ha transformado su experiencia traumática en un mensaje de esperanza para quienes atraviesan sus propios túneles oscuros.








