La ciudad española que se ha colado en el top 5 del mundo y que muchos siguen viendo solo como escala

Lo que hace apenas dos décadas se consideraba un simple nudo logístico para alcanzar las playas de la provincia se ha erigido como un destino con identidad propia, capaz de mirar por encima del hombro a grandes capitales europeas. Esta metamorfosis explica por qué expatriados y ejecutivos señalan al sur de España como el nuevo lugar donde todo el mundo quiere estar.

Hace ya tiempo que esta ciudad dejó de ser para la mayoría de los viajeros una mera pista de aterrizaje o una estación de tren de paso hacia Marbella o Torremolinos. Los datos son tozudos y confirman que Málaga ha protagonizado el renacer urbano más fulgurante del continente, dejando descolocados a quienes no la pisaban desde los años noventa y la recordaban gris. Ya no es el pasillo de entrada a las vacaciones; hoy es, indiscutiblemente, el destino final que muchos anhelan.

No se trata de un chovinismo andaluz mal entendido, sino del veredicto rotundo de rankings como el de InterNations, que la situaron como la mejor urbe del mundo para vivir y trabajar. Sorprende comprobar que muchos españoles siguen sin ser conscientes de la potencia de fuego cultural y económica que se ha gestado en la bahía, superando en calidad de vida a gigantes intocables como Nueva York o Londres. Y ojo, porque reducir este fenómeno al sol y la playa sería un error de principiante.

Ciudad: De los espetos a la ‘Milla de Oro’ del arte

El cliché del pescaíto frito y la caña sigue vigente y glorioso, pero ahora convive con una oferta museística de primer nivel que ha cambiado la fisonomía de los barrios y el tipo de visitante que camina por ellos. La realidad es que el Centro Pompidou o el Museo Ruso no aterrizaron en el muelle por pura casualidad, sino gracias a una estrategia política sostenida que decidió apostar todo el presupuesto a la carta de la cultura cuando nadie daba un duro por ello.

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Calle Larios siempre tuvo empaque burgués, pero la peatonalización masiva del casco antiguo ha cosido la trama urbana permitiendo que el visitante se pierda durante horas sin mirar el reloj ni esquivar coches. Resulta evidente que caminar por sus calles peatonales se ha convertido en una experiencia sensorial sofisticada donde los restos de la muralla fenicia y la arquitectura de vanguardia se dan la mano sin estridencias.

¿Una ciudad para trabajar o para jubilarse?

Se acabó esa vieja cantinela de que al sur de Despeñaperros se baja exclusivamente a descansar, porque el Parque Tecnológico de Andalucía y el desembarco de Google han dinamitado las reglas del juego laboral. De hecho, atraer talento tecnológico internacional se ha vuelto una práctica tan habitual que escuchar inglés, alemán o sueco en las terrazas del Soho es ya parte indisoluble del paisaje sonoro cotidiano.

Los nómadas digitales, ese perfil tan codiciado, han olido la oportunidad y han colonizado los espacios de coworking buscando la mezcla perfecta entre fibra óptica de alta velocidad y calidad de vida. Es innegable que esta nueva clase trabajadora ha inyectado un dinamismo económico que, aunque ha tensado los precios del alquiler, ha sacudido de un plumazo el cierto letargo provinciano que se respiraba antaño.

Por qué esta ciudad lidera los rankings mundiales

@diariosur

🔝 Málaga, la mejor ciudad del mundo para vivir y trabajar, según una gran encuesta a extranjeros. Forbes recoge un sondeo de InterNations, que preguntó a 12.000 expatriados de todo el mundo. 🗣️ ¿Estás de acuerdo? Deja tu opinión en los comentarios…

♬ sonido original – Diario SUR – SUR. El periódico de Málaga

Cuando se analiza con lupa por qué esta ciudad aparece sistemáticamente por encima de Miami o Madrid en las listas de preferencia, la respuesta suele esconderse en intangibles que el dinero no siempre puede comprar, como la seguridad real y la simpatía. Parece mentira, pero sentirse acogido desde el primer minuto es un lujo que en las grandes urbes frías y hostiles del norte de Europa cotiza al alza y aquí se regala con el café.

A esto se suma una conectividad envidiable por tierra, mar y aire, con un aeropuerto internacional que funciona como un reloj suizo y un tren de alta velocidad que te planta en el centro de la península en dos horas y media. Lo cierto es que tener el mundo a un paso facilita enormemente que los altos ejecutivos puedan establecer aquí su base de operaciones familiar sin renunciar a sus reuniones presenciales semanales.

El precio del éxito y el riesgo de morir de fama

No todo es de color de rosa en este milagro mediterráneo, pues el éxito masivo ha traído consigo una gentrificación acelerada que empieza a expulsar a los vecinos de toda la vida de sus barrios tradicionales. Es doloroso ver cómo el pequeño comercio de barrio desaparece en algunas zonas para dar paso a franquicias y apartamentos turísticos que clonan la estética aséptica de cualquier otra urbe globalizada.

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El gran reto que afrontan ahora gestores y ciudadanos no es atraer a más gente, sino gestionar la avalancha para que Málaga no pierda esa esencia canalla, marinera y auténtica que la hizo única en primer lugar. Al final, conservar el alma local será la única forma de garantizar que, dentro de una década, sigamos hablando de un modelo de éxito y no de un parque temático para adultos sin personalidad.

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