Ratas en la litera y dormir a 4º: la crisis en el cuartel de Cáceres que ha obligado al Ejército a actuar

El Ejército de Tierra activa un plan de urgencia en el CEFOT-1 de Cáceres tras denunciarse plagas de ratas y averías en la calefacción. Las asociaciones militares califican de "indignas" las condiciones de vida de los futuros soldados.

El Centro de Formación de Tropa de Cáceres (CEFOT-1) se enfrenta a una crisis de salubridad que ha puesto en jaque la imagen de las Fuerzas Armadas justo cuando se debaten los presupuestos de Defensa. No se trata de una maniobra enemiga, sino de una batalla interna contra la insalubridad y la precariedad que afecta directamente a la moral de nuestros futuros soldados. Lo más alarmante no es la plaga en sí, sino la respuesta tardía que ha obligado a los mandos a improvisar un «plan de choque» ante la presión mediática y las evidencias gráficas que corren como la pólvora por los grupos de WhatsApp militares.

La cruda realidad del adiestramiento: entre roedores y temperaturas bajo cero

El Ejército de Tierra ha tenido que reconocer públicamente lo que era un secreto a voces en los barracones de Cáceres: la situación es insostenible.

El enemigo duerme en la litera de arriba

Las imágenes no dejan lugar a dudas y han corrido como la pólvora por las redes sociales, mostrando una realidad que dista mucho de la modernidad prometida. Al parecer, los alumnos han tenido que convivir con roedores que trepan con total impunidad por las paredes de los dormitorios, llegando incluso a los falsos techos donde los soldados guardan su escaso equipaje. No estamos hablando de un avistamiento aislado en un almacén lejano, sino de una invasión en las zonas de descanso donde se supone que la tropa debe recuperar fuerzas tras duras jornadas de instrucción física y técnica.

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La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha sido la encargada de dar la voz de alarma, calificando la situación de «indigna y lamentable» para unos servidores públicos en formación. Resulta paradójico que quienes se preparan para defender la seguridad nacional no tengan garantizada ni siquiera la seguridad sanitaria básica en sus propios alojamientos. El vídeo filtrado, donde se ve a una rata recorriendo las instalaciones con familiaridad, ha sido el detonante para que el Mando de Personal tenga que salir a dar explicaciones urgentes.

Una «nevera gigante» a cuatro grados

Por si la presencia de fauna indeseada no fuera suficiente castigo, la climatología ha decidido unirse a la fiesta en el peor momento posible. Las denuncias apuntan a que el sistema de calefacción lleva tiempo inoperativo, obligando a los reclutas a dormir dentro de sacos tácticos sobre sus propias camas para no congelarse. Se han registrado temperaturas de apenas 4 grados en el interior de las naves, convirtiendo los barracones en auténticos congeladores industriales donde el descanso es una quimera.

Esta falta de previsión logística choca frontalmente con la normativa de riesgos laborales y las directrices de la OMS sobre salud en interiores, que exigen un mínimo de 17 grados. Es incomprensible que una instalación militar clave carezca de mantenimiento básico en plena ola de frío, exponiendo a cientos de jóvenes a enfermedades respiratorias que podrían mermar la operatividad del ciclo de formación. La imagen de soldados tiritando bajo mantas militares en un edificio oficial es un retrato que ninguna campaña de reclutamiento querría mostrar.

El «Plan de Choque» del Ministerio

Ante el revuelo mediático y la presión de las asociaciones, el Ejército ha anunciado un despliegue de medidas correctivas inmediatas para intentar salvar los muebles. Se ha confirmado la activación de un programa integral de control de plagas que incluye la instalación de rejillas metálicas de menos de 6 milímetros en la red de saneamiento para bloquear el acceso a los roedores. Además, se ha prometido la sustitución de las ventanas actuales por modelos abatibles y el sellado de grietas estructurales que servían de autopista para los animales.

Sin embargo, muchos se preguntan por qué se ha esperado a que la situación sea insostenible para actuar con contundencia. La promesa de incrementar las inspecciones técnicas a una frecuencia semanal suena bien sobre el papel, pero evidencia que los protocolos anteriores de revisión quincenal eran claramente insuficientes o no se estaban cumpliendo con el rigor necesario. La reacción, aunque necesaria, llega con el estigma de ser un parche puesto a posteriori tras la vergüenza pública.

¿Fichajes estrella o abandono de la base?

Mientras en las altas esferas de la política y la defensa internacional se discute sobre grandes estrategias y «fichajes» de talento geopolítico, la base de la pirámide sufre un abandono tangible. Resulta irónico pensar en la modernización de nuestros sistemas de combate cuando las infraestructuras donde se forja el capital humano, el recurso más valioso, se caen a pedazos o son invadidas por plagas bíblicas.

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No se puede pretender tener un ejército del siglo XXI manteniendo instalaciones que parecen sacadas de una novela del siglo XIX

Este contraste entre los discursos oficiales de excelencia y la realidad de los barracones genera una desafección peligrosa entre la tropa y los mandos. Al final, la lealtad se demuestra con hechos y presupuesto, y no hay mayor desmoralización para un aspirante a soldado que sentir que su bienestar importa menos que el coste de arreglar una caldera o contratar un servicio de desratización competente. La «era del talento» empieza por cuidar a quienes ya han firmado su compromiso.

La batalla por la dignidad militar

El incidente de Cáceres no debe verse como una anécdota escatológica, sino como un síntoma de un problema estructural de inversión en mantenimiento. Las asociaciones militares llevan años advirtiendo que el ladrillo de los cuarteles también es defensa nacional, y que el deterioro de las condiciones de vida afecta directamente a la retención de personal. Si queremos unas Fuerzas Armadas profesionales y motivadas, el entorno de trabajo debe cumplir unos mínimos de dignidad que aquí claramente se han vulnerado.

La resolución de este conflicto marcará un precedente sobre cómo se gestionan las crisis internas en la era de la información viral. Queda por ver si las promesas de reforma se materializan rápido o si, como tantas otras veces, el problema simplemente se barre bajo la alfombra (o el falso techo) hasta que vuelva a estallar. Los soldados de Cáceres esperan soluciones, no más maniobras de distracción.

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