Portugal tiene ciudades que no se explican del todo, se sienten; ciudades donde la belleza no es inmediata ni estridente, sino silenciosa, casi tímida, de esas que se cuelan poco a poco y se quedan. En el norte de Portugal, lejos del bullicio de Lisboa y del desparpajo de Oporto, hay una ciudad que parece vivir permanentemente envuelta en una nostalgia suave, como si el tiempo caminara a otro ritmo.
Quien viaja buscando esa melancolía amable, ese placer extraño de estar un poco triste sin saber muy bien por qué, encuentra en Portugal una aliada perfecta. Y en Coimbra, en concreto, el escenario es completo, con fado universitario, azulejos gastados, lluvia fina sobre el empedrado y un río que acompaña en silencio, como si también escuchara.
2La universidad más antigua y el peso de la historia
Hablar de Coimbra es hablar de la universidad más antigua de Portugal, un lugar que no solo se visita, se respeta. Recorrer sus salas es entender por qué esta ciudad respira conocimiento desde hace siglos. La Biblioteca Joanina, con su madera noble y sus libros antiguos, es uno de esos espacios que imponen silencio incluso al visitante más distraído.
La capilla de San Miguel, la Sala de los Capelos o la de los Arqueros completan un recorrido que mezcla solemnidad y belleza sin artificios. Aquí también nació la protesta estudiantil que marcó los años sesenta y que convirtió el fado en un canto reivindicativo. Coimbra no solo guarda historia, la sigue susurrando a quien quiera escucharla.






