Ultimamente se habla mucho de la microbiota, aunque algunas de esas veces ni siquiera terminamos de entender por qué es tan importante. No se ve, no duele de forma directa y, sin embargo, influye en cómo digerimos, en cómo nos defendemos de las infecciones e incluso en cómo nos sentimos a diario, porque cuando algo se desajusta ahí dentro, el cuerpo suele mandar señales que no siempre sabemos interpretar.
La buena noticia es que la microbiota no es algo rígido ni condenado a funcionar mal para siempre, por el contrario, ella cambia, se adapta y responde a nuestros hábitos, sobre todo a lo que comemos y a cómo vivimos. Para el doctor Sebastián La Rosa no existe una dieta perfecta para todo el mundo, pero sí elecciones que ayudan a que ese ecosistema interno esté más equilibrado y trabaje a nuestro favor.
2Qué alimentos ayudan de verdad a la microbiota
La propuesta del experto no es reinventar la rueda, sino afinarla. Una versión ligeramente adaptada de la dieta mediterránea puede marcar la diferencia para la microbiota, priorizando ciertos alimentos que alimentan a las bacterias buenas. El aceite de oliva, las legumbres, los hongos y los alimentos fermentados juegan aquí un papel clave.
También se recomienda prestar atención a los lácteos, optando por los de cabra, oveja o búfala, que resultan más fáciles de digerir para muchas personas. Todo esto, acompañado de constancia, es lo que permite que la microbiota se repare y mejore con el tiempo. La edad no es un impedimento, cambiar hábitos siempre suma, incluso cuando llevamos años haciendo lo contrario.






