Castilla y León es ese lugar al que siempre apetece volver cuando el cuerpo pide frenar, respirar hondo y alejarse un poco del ruido diario. Sus paisajes abiertos, sus pueblos de piedra y sus ritmos tranquilos convierten cualquier fin de semana en una pequeña pausa mental, de esas que no necesitan grandes planes ni agendas llenas para funcionar y que, casi sin darte cuenta, te devuelven cierta calma olvidada.
Castilla y León ofrece escapadas rurales que no presumen de nada, pero lo tienen todo, naturaleza que se impone sin esfuerzo, buena mesa, historia en cada esquina y silencio del que se agradece. Aquí te enseñamos tres destinos ideales para desconectar un par de días, caminar sin prisa, comer bien y volver a casa con la sensación real de haber desconectado, algo cada vez más difícil de conseguir.
2Orbaneja del Castillo, Burgos
En el norte de Castilla y León, Orbaneja del Castillo sorprende desde el primer momento. Una cascada atraviesa el pueblo y cae entre las casas de piedra como si siempre hubiera estado ahí, integrándose en el paisaje de una forma casi irreal. Es un lugar pequeño, tranquilo y con una belleza muy directa, de esas que no necesitan explicación y que se disfrutan mejor sin prisas ni multitudes.
El pueblo es ideal para una escapada corta, perfecta para desconectar del todo. Se puede pasear por sus calles empinadas, asomarse a los cañones del Ebro o sentarse simplemente a escuchar el sonido constante del agua. Orbaneja del Castillo es de esos sitios donde el silencio no incomoda, donde el tiempo parece estirarse y donde un fin de semana se vive con una intensidad tranquila que cuesta encontrar en otros destinos.






