El mercurio es una palabra que cada vez aparece con más frecuencia cuando hablamos de alimentación, especialmente al mencionar uno de los productos más habituales en las despensas españolas, el atún en lata. Práctico, barato y rápido, este alimento se ha ganado un hueco fijo en comidas y cenas por su aporte de proteínas, omega-3 y vitamina D, pero también por las dudas que genera su consumo continuado.
El mercurio no convierte automáticamente al atún en un alimento peligroso, pero sí obliga a mirar con algo más de atención qué comemos y con qué frecuencia. Las conservas que llegan al supermercado pasan controles estrictos y cumplen la normativa europea, pero el verdadero riesgo no está tanto en una lata puntual como en convertirla en un básico diario sin variar ni informarse.
2El truco para leer bien la etiqueta
Encontrar la especie exacta de atún en una lata no siempre es fácil y eso es precisamente lo que señala la nutricionista Leticia Zoé. En muchos envases solo aparece el término “atún”, sin más detalles, cuando en realidad existen varias especies con diferencias importantes en tamaño y, por tanto, en contenido de mercurio.
Según explica, cuando en la etiqueta aparece “atún claro” suele tratarse del Thunnus albacares o rabil, una especie más grande que tiende a acumular más mercurio. Por eso, su recomendación es optar por aquellas latas en las que simplemente se indique “atún”, ya que suelen corresponder al atún listado, una especie más pequeña y con menor carga de metales pesados.






