El mercurio es una palabra que cada vez aparece con más frecuencia cuando hablamos de alimentación, especialmente al mencionar uno de los productos más habituales en las despensas españolas, el atún en lata. Práctico, barato y rápido, este alimento se ha ganado un hueco fijo en comidas y cenas por su aporte de proteínas, omega-3 y vitamina D, pero también por las dudas que genera su consumo continuado.
El mercurio no convierte automáticamente al atún en un alimento peligroso, pero sí obliga a mirar con algo más de atención qué comemos y con qué frecuencia. Las conservas que llegan al supermercado pasan controles estrictos y cumplen la normativa europea, pero el verdadero riesgo no está tanto en una lata puntual como en convertirla en un básico diario sin variar ni informarse.
3Atún listado, claro y bonito, no todos son iguales
El atún listado, conocido como Katsuwonus pelamis, es una de las opciones más comunes en las conservas y también la que menos mercurio acumula. Su menor tamaño y su ciclo de vida más corto hacen que sea una alternativa más adecuada para quienes consumen atún con frecuencia.
En cambio, el atún claro y el bonito del norte alcanzan tamaños mucho mayores y viven más años, lo que explica que concentren más mercurio. Esto no significa que deban eliminarse de la dieta, sino que conviene moderar su consumo y no convertirlos en la única opción. Variar, leer etiquetas y no abusar son gestos sencillos que marcan la diferencia.






