El Dr. Ramón Gómez, cardiólogo del Hospital Clínic de Barcelona con más de 20 años de experiencia en medicina preventiva, ha lanzado una advertencia que está generando debates en redes sociales y consultas médicas. Durante una charla divulgativa celebrada en enero de 2026, el especialista señaló con contundencia que dos alimentos específicos son los principales responsables del taponamiento arterial en la población española.
Sin embargo, ambos productos forman parte de la dieta habitual de millones de personas que desconocen su impacto real. El experto promete explicar por qué estos alimentos resultan más peligrosos que las grasas animales tradicionales.
El embutido procesado acelera la formación de placas
Los fiambres y embutidos procesados encabezan la lista de alimentos dañinos para la salud cardiovascular. Estos productos contienen altas concentraciones de nitratos y nitritos como conservantes, sustancias que incrementan la inflamación en las paredes de las arterias y facilitan el depósito de colesterol LDL. Además, el contenido de sodio supera en muchos casos los 800 miligramos por cada 100 gramos, una cantidad que eleva la presión arterial y daña el endotelio vascular de forma progresiva.
El Dr. Gómez explica que el consumo regular de jamón york, salchichón, chorizo y mortadela genera un efecto acumulativo que tarda años en manifestarse clínicamente. Durante ese tiempo, las arterias coronarias van estrechándose sin síntomas aparentes hasta que aparece la angina de pecho o el infarto. Por ello, el cardiólogo recomienda limitar estos alimentos a consumos esporádicos y sustituirlos por proteínas magras como el pavo natural o el pollo sin piel.
La industria alimentaria ha promovido versiones «bajas en grasa» de estos embutidos, pero el problema no radica únicamente en el perfil lipídico. Las grasas saturadas se combinan con aditivos químicos que multiplican el riesgo cardiovascular, convirtiendo estos productos en auténticas bombas de relojería para el sistema circulatorio. Un bocadillo de embutido diario puede parecer inofensivo, pero representa una sobrecarga constante para el organismo.
Los productos de bollería industrial duplican el riesgo
La bollería industrial constituye el segundo gran enemigo de las arterias según el análisis del Dr. Gómez. Croissants, magdalenas, donuts y galletas de supermercado contienen grasas trans y azúcares refinados en proporciones que desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica. Estos componentes elevan los triglicéridos y reducen el colesterol HDL (el protector), creando un escenario perfecto para la aterosclerosis.
El cardiólogo destaca que muchas personas desayunan estos productos cinco o más días a la semana, creyendo que se trata de opciones prácticas y económicas. En realidad, están consumiendo entre 15 y 25 gramos de azúcar por pieza, además de aceites vegetales parcialmente hidrogenados que el organismo no metaboliza correctamente. Este patrón alimentario explica por qué España registra más de 120.000 infartos anuales, muchos de ellos en personas menores de 60 años.
Las alternativas saludables incluyen:
✓ Pan integral con aceite de oliva virgen extra y tomate natural
✓ Copos de avena con frutas frescas y frutos secos sin sal
✓ Yogur natural sin azúcar con semillas de chía o lino
✓ Tostadas de centeno con aguacate y huevo cocido
✓ Smoothie verde con espinacas, plátano y leche vegetal
El mecanismo de obstrucción arterial explicado
Las arterias se taponan mediante un proceso denominado aterogénesis que comienza con microlesiones en la capa interna de los vasos sanguíneos. Cuando consumimos embutidos procesados o bollería industrial de forma repetida, se genera estrés oxidativo que daña el endotelio y permite la infiltración de partículas de colesterol LDL oxidado. Estas partículas quedan atrapadas bajo la superficie arterial y activan una respuesta inmunitaria contraproducente.
Los macrófagos intentan eliminar el colesterol acumulado pero se transforman en células espumosas que forman la placa de ateroma. Con el tiempo, esta placa crece y se calcifica, reduciendo el diámetro del vaso y limitando el flujo sanguíneo hacia órganos vitales. El Dr. Gómez advierte que este proceso es silencioso durante décadas, pero cuando aparecen los síntomas, el daño suele ser considerable y requiere intervención médica urgente.
La inflamación crónica de bajo grado causada por una dieta inadecuada es el factor determinante en la velocidad de progresión de la enfermedad. Por ello, eliminar los dos alimentos mencionados representa una medida preventiva de alto impacto sanitario que puede retrasar o incluso evitar la aparición de eventos cardiovasculares. Los estudios epidemiológicos confirman que las poblaciones con menor consumo de procesados presentan tasas significativamente reducidas de cardiopatía isquémica.
Cambios dietéticos que revierten el daño arterial
Aunque parezca sorprendente, las arterias poseen capacidad de recuperación cuando se modifican los hábitos alimentarios de forma sostenida. El Dr. Gómez cita investigaciones que demuestran cómo una dieta mediterránea estricta durante 12 meses puede reducir el grosor de la íntima-media carotídea, un marcador directo de aterosclerosis. Este efecto se potencia con la incorporación de ácidos grasos omega-3 procedentes de pescado azul, nueces y semillas de lino.
Los alimentos con efecto protector incluyen el aceite de oliva virgen extra, que contiene polifenoles antiinflamatorios, y las verduras de hoja verde ricas en nitratos naturales que mejoran la función endotelial. El cardiólogo insiste en que no se trata de dietas milagro sino de adoptar un patrón alimentario coherente basado en productos frescos y mínimamente procesados. La clave está en la constancia y en entender que cada comida representa una oportunidad para nutrir o dañar el sistema cardiovascular.
Eliminar los embutidos procesados y la bollería industrial durante tres meses puede traducirse en una reducción del 15-20% en los niveles de colesterol LDL y una mejora notable en los marcadores de inflamación como la proteína C reactiva. Este cambio no requiere grandes sacrificios económicos ni culinarios, simplemente implica reaprender a cocinar con ingredientes básicos y recuperar recetas tradicionales que nuestros abuelos conocían perfectamente. El Dr. Gómez concluye que prevenir el taponamiento arterial está al alcance de cualquier persona dispuesta a tomar decisiones conscientes en el supermercado.







