Netflix vuelve a demostrar su olfato para crear series que empiezan con un tono contenido y acaban atrapando al espectador hasta el punto de la obsesión, y ‘La chica de nieve’ es un ejemplo claro de ello. Lo que arranca como un drama familiar marcado por una desaparición termina convirtiéndose en un thriller psicológico que no da tregua y que se cuela fácilmente entre esas series que se ven del tirón.
Netflix adapta en esta ficción la novela de Javier Castillo y lo hace apostando por una narrativa que va creciendo poco a poco, sin prisas pero sin pausas, jugando con el dolor, la culpa y la necesidad de respuestas. Al principio parece una historia más sobre una familia rota, pero conforme avanzan los capítulos, la serie se vuelve más oscura, más incómoda y mucho más adictiva.
3Una obsesión que no se suelta fácilmente
A medida que avanza la trama, la serie se vuelve más oscura y emocionalmente intensa. Los personajes ya no solo buscan respuestas, también luchan contra sus propios fantasmas, y esa mezcla de thriller y drama psicológico eleva la tensión hasta el final.
Netflix consigue que ‘La chica de nieve’ no sea solo una serie de misterio más, sino una experiencia que se queda en la cabeza cuando apagas la pantalla. Empieza como un drama familiar reconocible y termina convirtiéndose en una obsesión difícil de soltar, de esas que te hacen pensar en lo que has visto y comentar teorías incluso cuando ya ha terminado el último capítulo.





