El nuevo capricho de 20.000 millones de Trump: por qué su «superacorazado» ha aterrorizado al Pentágono

El nuevo acorazado clase Trump costará 20.000 millones de dólares, convirtiéndose en el buque más caro del mundo según la CBO. br>
Analizamos el impacto de la Flota Dorada, su arsenal hipersónico y los retos de construcción en EE.UU.

El futuro de la hegemonía naval estadounidense acaba de recibir una factura astronómica que ha dejado temblando a los pasillos del Pentágono. La ambiciosa visión de Donald Trump para revitalizar la Armada con una nueva estirpe de acorazados se enfrenta ahora a la cruda realidad de los números de Washington.

El nuevo acorazado clase Trump costará 20.000 millones de dólares, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) ha lanzado un jarro de agua fría sobre el ambicioso plan naval de la Casa Blanca. Según los analistas, el primer buque de la clase Trump podría alcanzar un precio de 22.000 millones de dólares, convirtiéndose en el barco de guerra más caro de la historia.

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Este megaproyecto, bautizado como parte de la «Flota Dorada», busca recuperar el prestigio de los antiguos acorazados pero con tecnología del siglo XXII. Aunque la administración defiende la necesidad de estas fortalezas flotantes, la realidad es que el coste duplicaría al de los actuales portaaviones de la clase Gerald R. Ford.

Un precio récord que desafía la lógica militar

La cifra presentada por Eric Labs, analista naval de la CBO, ha generado un terremoto en las comisiones de defensa por su magnitud sin precedentes. Si se ordenara hoy mismo, el coste base rondaría los 20.000 millones, pero la inflación y los retrasos técnicos podrían elevar la factura final de forma alarmante.+1

No se trata solo de construir un barco grande, sino de integrar sistemas que hoy parecen sacados de una novela de ciencia ficción. Aunque el presidente insista en que la potencia es incomparable, muchos expertos dudan de que el presupuesto de defensa pueda absorber semejante inversión sin canibalizar otros programas vitales.

El renacer de los gigantes en la era de los drones

El diseño preliminar de la marina apunta a una mole de 35.000 toneladas que duplica el tamaño de cualquier destructor actual en servicio. Este nuevo concepto de acorazado de misiles guiados pretende ser el eje central de la flota, capaz de resistir ataques saturados y proyectar fuerza bruta.

A pesar de su imponente presencia, la vulnerabilidad de estos colosos ante enjambres de drones baratos sigue siendo el gran debate en los despachos. La apuesta de Trump es clara: el tamaño importa para imponer respeto en aguas internacionales, especialmente frente al expansionismo naval de China en el Pacífico.

Un arsenal futurista para la nueva Guerra Fría

Para justificar su desorbitado precio, el buque albergará tecnologías que hasta hace poco eran meros prototipos experimentales de laboratorio. Se espera que cuente con misiles hipersónicos y cañones de riel electromagnéticos capaces de alcanzar objetivos a cientos de kilómetros en cuestión de segundos.

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Además de la potencia ofensiva, el acorazado estará protegido por sistemas de defensa láser de alta energía diseñados para derretir proyectiles enemigos. Es este despliegue de ingeniería de vanguardia lo que dispara el coste por tonelada, superando con creces cualquier previsión presupuestaria realizada anteriormente por el Pentágono.

Problemas en los astilleros y mano de obra

La industria naval estadounidense atraviesa un momento crítico por la falta de personal cualificado y las debilidades en la cadena de suministro. Construir una bestia de este calibre requiere infraestructuras que los astilleros actuales no están preparados para gestionar de manera eficiente o rápida.

La CBO advierte que la escasez de soldadores especializados y técnicos en electrónica avanzada provocará cuellos de botella inevitables. Si no se soluciona el problema laboral, el sueño de la flota dorada podría encallar antes incluso de que la primera pieza de acero sea cortada en el taller.

El futuro incierto de la denominada USS Defiant

El primer buque de esta serie, que ya tiene nombre asignado como USS Defiant (BBG-1), es el símbolo de una nueva era. Sin embargo, el Congreso tiene la última palabra y es probable que los legisladores cuestionen la viabilidad de un programa que consume tantos recursos públicos.

Si el proyecto sale adelante, Trump habrá cambiado para siempre la doctrina naval, regresando a la era de los grandes acorazados. De lo contrario, este barco pasará a la historia como el espejismo más caro de una administración que quiso dominar los mares a golpe de talonario y nostalgia.

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