Los ultraprocesados se han colado en nuestra rutina casi sin darnos cuenta, ocupando cada vez más espacio en la despensa y en el día a día. Vivimos rodeados de información sobre alimentación, etiquetas claras, consejos constantes y expertos por todas partes, pero aun así la sensación general es que comemos peor que nunca, una paradoja que desconcierta y que tiene mucho que ver con cómo vivimos y con el ritmo que nos hemos impuesto.
Los ultraprocesados no han llegado solos ni por casualidad, han encontrado el terreno perfecto en una sociedad que vive con prisa, que cocina menos y que busca soluciones rápidas para todo. El resultado es una alimentación cómoda, inmediata y muy atractiva, pero que deja de lado la salud a largo plazo, algo que preocupa cada vez más a los profesionales de la nutrición.
1La prisa como ingrediente principal para elegir ultraprocesados
Álex Sempere, nutricionista de Knoweats, lo tiene claro cuando analiza por qué sabemos tanto sobre alimentación y, sin embargo, lo aplicamos tan poco. Según explica, el gran problema es la prisa constante y la pérdida de la cultura de la cocina, esa dedicación que antes formaba parte natural del día y que ahora parece un lujo. Hoy predominan los productos listos para consumir, la bollería y los ultraprocesados que nos ahorran tiempo, pero que pasan factura a nuestra salud.
A esto se suma que cada vez comemos más fuera de casa y que el marketing hace su parte, porque los alimentos menos saludables suelen ser los más sabrosos y atractivos. Vivimos rodeados de estímulos que nos empujan a elegir rápido y mal, mientras creemos que estamos informados, cuando en realidad estamos saturados de mensajes contradictorios.






