El corazón suele asociarse a lo que comemos, a si hacemos ejercicio o a si llevamos una vida más o menos estresante, pero rara vez pensamos que el reloj también puede jugar un papel importante en su salud. Sin embargo, cada vez hay más estudios que apuntan a que no solo importa qué desayunamos, sino también a qué hora lo hacemos, un detalle cotidiano que podría estar influyendo más de lo que imaginamos.
Durante años se ha repetido que el desayuno activa el metabolismo, mejora la concentración y ayuda a arrancar el día con más energía, y todo eso sigue siendo cierto. Lo interesante es que ahora la ciencia empieza a mirar el desayuno desde otro ángulo, relacionando el momento en el que se hace la primera comida del día con el funcionamiento del corazón y con el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares a largo plazo.
3No solo el desayuno, también importa el resto del día
El corazón también acusa los horarios tardíos en la cena, y así lo reflejan los datos del mismo estudio. Cenar después de las nueve de la noche se asocia con un aumento del riesgo de sufrir enfermedades cerebrovasculares, lo que refuerza la idea de que comer más temprano beneficia al sistema cardiovascular en su conjunto.
Además, otras investigaciones han señalado que comer tarde por la noche puede afectar al metabolismo de las grasas y favorecer el aumento de peso, dos factores que influyen directamente en la salud del corazón. Mantener horarios regulares, desayunar sin prisas a una hora razonable y evitar cenas demasiado tardías no es una moda, sino una forma sencilla de cuidar el corazón desde algo tan cotidiano como mirar el reloj antes de sentarse a la mesa.





