El panorama de la defensa aérea en Europa está sufriendo un seísmo geopolítico que podría redefinir las alianzas industriales del continente para el próximo medio siglo. En un momento de máxima tensión estratégica, el fabricante aeroespacial sueco Saab ha lanzado una propuesta que ha hecho temblar los cimientos del eje París-Berlín: una invitación formal a España para liderar conjuntamente el desarrollo de un avión de combate de sexta generación. Esta oferta llega como respuesta directa al agotamiento y los retrasos crónicos del FCAS (Future Combat Air System), el megaproyecto europeo que aspiraba a ser el sucesor del Eurofighter pero que hoy se encuentra sumido en un laberinto de burocracia y desconfianza.
Desde hace meses, los rumores de una «ruptura técnica» en el proyecto FCAS han ido ganando peso. Aunque España se unió al programa en 2019 con la esperanza de situar a su industria tecnológica —liderada por Indra— en la primera división mundial, la realidad ha sido mucho más compleja. Francia y Alemania han protagonizado un pulso constante por el control de los derechos de propiedad intelectual y la arquitectura del motor, relegando en muchas ocasiones a las empresas españolas a un papel secundario. En este contexto, Suecia, que tradicionalmente ha mantenido una política de defensa autónoma y pragmática, ha visto el momento perfecto para ofrecer a Madrid lo que sus socios actuales le niegan: soberanía tecnológica total.
Saab y la «vía nórdica»: eficiencia frente a gigantismo
La propuesta de Saab no es solo un contrato comercial; es un cambio de paradigma. Mientras que el FCAS se plantea como un «sistema de sistemas» masivo, extremadamente caro y con una fecha de entrega que ya se desliza más allá de 2040, Suecia propone una arquitectura más ágil. El fabricante sueco, artífice del exitoso Gripen, apuesta por un diseño modular basado en software abierto. Esto permitiría a España integrar sus propios radares y sistemas de guerra electrónica desarrollados por empresas nacionales sin depender del permiso de ingenieros alemanes o franceses.
Para el Ministerio de Defensa español, la oferta sueca resuelve un dilema crítico: el relevo generacional de los F-18 de las bases de Torrejón y Zaragoza. Con el FCAS atascado en fases de diseño preliminar, España corre el riesgo de enfrentarse a un «vacío de capacidades» en la década de 2030. Suecia, consciente de esta urgencia, ofrece un cronograma mucho más agresivo y un reparto de cargas de trabajo que permitiría a las factorías españolas no solo ensamblar, sino diseñar componentes críticos del nuevo caza.
El impacto en la industria nacional y la geopolítica
La entrada de España en un proyecto con Saab supondría un espaldarazo sin precedentes para el sector aeroespacial nacional. Compañías como ITP Aero en la parte de motores o Airbus España en estructuras se verían ante la oportunidad de participar en un proyecto con menos «peajes» políticos. Además, la colaboración con Suecia —reciente miembro de la OTAN y potencia tecnológica de primer orden— fortalecería el flanco norte-sur de la alianza, diversificando la dependencia de España respecto al eje centroeuropeo.
Sin embargo, este movimiento no está exento de riesgos. Abandonar el FCAS o incluso «jugar a dos bandas» podría tensar las relaciones diplomáticas con el Elíseo y la Cancillería alemana. Madrid debe decidir si prefiere ser un socio minoritario en un proyecto colosal pero lento, o un socio preferente en un programa más flexible y ambicioso tecnológicamente junto a los suecos. La decisión marcará el futuro del Ejército del Aire y del Espacio para los próximos 40 años.
Hacia un sistema de combate digitalizado
El caza que propone Saab no es solo un avión; es un centro de datos volador. La oferta incluye el desarrollo de los llamados Loyal Wingmen, drones de combate que vuelan en formación con el caza tripulado y que realizan las tareas más peligrosas. España ha invertido mucho en inteligencia artificial aplicada a la defensa, y la propuesta sueca permitiría aplicar esos avances de forma inmediata. A diferencia de Francia, que protege celosamente su tecnología para el Rafale, Suecia está dispuesta a una transferencia tecnológica real, permitiendo que el mantenimiento y la evolución del avión se realicen íntegramente en suelo español.
En conclusión, la irrupción de Saab en el tablero español es el síntoma de una Europa de la defensa que ya no se mueve a una sola velocidad. Ante la parálisis de los grandes proyectos burocráticos, las naciones buscan socios fiables que garanticen la seguridad y el empleo industrial. España se encuentra ahora en la posición de poder elegir su destino: seguir esperando a un FCAS que no termina de despegar o abrazar la oferta sueca para volar hacia la sexta generación con luz propia.






