El cerebro es mucho más sensible a lo que comemos de lo que solemos pensar y, aunque durante años nos han repetido que las grasas son algo a vigilar casi con lupa, empiezan a aparecer estudios que invitan a mirar el tema con más matices. No se trata de comer sin control ni de ignorar las recomendaciones médicas, pero sí de entender que no todas las grasas juegan el mismo papel cuando hablamos de salud cerebral.
Este órgano necesita energía constante, equilibrio y nutrientes que le permitan funcionar bien a lo largo del tiempo, por eso cualquier hallazgo que apunte a una posible protección frente a la demencia despierta interés. Un nuevo estudio acaba de poner el foco en un alimento que muchos evitan por miedo a su contenido graso y que, sin embargo, podría estar haciendo más por nuestra memoria de lo que imaginábamos.
1Un giro inesperado sobre las grasas
Durante décadas, la idea de reducir al máximo las grasas ha sido casi un dogma, sobre todo cuando se habla de prevenir enfermedades cardiovasculares o trastornos neurodegenerativos. De hecho, la conocida dieta MIND, diseñada específicamente para cuidar el cerebro, se basa en limitar el consumo de alimentos ricos en grasa, reforzando la idea de que cuanto menos, mejor.
Sin embargo, este nuevo trabajo publicado en la revista Neurology introduce una nota discordante. Tras analizar a más de 27.000 personas, los investigadores observaron que quienes consumían de forma habitual quesos y lácteos altos en grasa tenían menos probabilidades de desarrollar demencia. Un dato que no encaja del todo con el discurso tradicional y que obliga a replantear algunas certezas sobre cómo proteger el cerebro a largo plazo.






