El pelo es muchas veces la primera señal de que algo no va del todo bien por dentro, empieza a caerse más de lo normal, pierde fuerza, volumen y de pronto el cepillo se llena más de lo que nos gustaría ver. A menudo lo achacamos al cambio de estación, al estrés puntual o incluso a la genética, pero no siempre es tan simple y ahí es donde conviene parar un segundo y mirar más allá.
Este también habla de hormonas, de rutinas y sobre todo de lo que ponemos cada día en el plato. Cuando la caída se prolonga, cuando no es solo algo puntual de otoño, puede que el cuerpo esté avisando de un desequilibrio interno que sí tiene solución. Así lo defiende la experta en hormonas Marta León, que pone el foco en algo tan básico y a la vez tan olvidado como la alimentación y el estilo de vida.
1La razón no siempre es el cambio de estación
Aunque en España estamos acostumbrados a escuchar que en otoño el pelo se cae más, la realidad es que ese argumento no explica todos los casos. Muchas mujeres llegan a consulta convencidas de que su caída es estacional y se sorprenden cuando descubren que en la mayoría de ocasiones el origen es hormonal, algo que cambia por completo el enfoque del problema y también la forma de tratarlo.
Hay señales claras que ayudan a identificarlo, el pelo se afina, pierde densidad, cae más en las sienes o en los laterales y la raíz casi no se aprecia. No es solo una cuestión estética, es una respuesta del cuerpo a una falta de energía, de oxígeno o de nutrientes suficientes para que el folículo pueda hacer su trabajo y generar cabello nuevo con fuerza.






