El pelo es muchas veces la primera señal de que algo no va del todo bien por dentro, empieza a caerse más de lo normal, pierde fuerza, volumen y de pronto el cepillo se llena más de lo que nos gustaría ver. A menudo lo achacamos al cambio de estación, al estrés puntual o incluso a la genética, pero no siempre es tan simple y ahí es donde conviene parar un segundo y mirar más allá.
Este también habla de hormonas, de rutinas y sobre todo de lo que ponemos cada día en el plato. Cuando la caída se prolonga, cuando no es solo algo puntual de otoño, puede que el cuerpo esté avisando de un desequilibrio interno que sí tiene solución. Así lo defiende la experta en hormonas Marta León, que pone el foco en algo tan básico y a la vez tan olvidado como la alimentación y el estilo de vida.
3El estilo de vida también se refleja en el pelo
Cuidar el pelo no termina en la cocina, el estilo de vida pesa tanto como la dieta. Dormir bien es clave porque durante el descanso se regulan procesos hormonales como la melatonina, directamente relacionada con la regeneración celular, incluido el cabello. El movimiento también importa, ya que mejora la circulación y facilita que el oxígeno llegue mejor a todo el cuerpo y al folículo.
El estrés es otro de los grandes enemigos del pelo. Cuando el cortisol se mantiene alto durante demasiado tiempo, el organismo entra en modo supervivencia y deja de invertir energía en aquello que no considera prioritario, entre ello el crecimiento capilar. Reducir el estrés no es fácil, pero hacerlo tiene un impacto real no solo en el pelo, también en la salud general y en cómo nos sentimos cada día frente al espejo.






