Israel rompe el tablero en África: el reconocimiento de Somalilandia y su nuevo plan para controlar el Mar Rojo

En una jugada geopolítica sin precedentes, Israel ha reconocido oficialmente a Somalilandia.

No es solo diplomacia: es un cálculo militar frío para establecer radares y bases navales en una de las rutas comerciales más peligrosas del mundo

La expansión de la influencia israelí en el Cuerno de África, consolidada a principios de 2026, representa uno de los giros estratégicos más audaces de la administración de Benjamín Netanyahu. Lo que comenzó como una necesidad táctica para escoltar buques comerciales en el Mar Rojo ha evolucionado hacia una doctrina de «seguridad periférica profunda», donde Israel busca establecer una red de aliados no árabes y estados de reciente reconocimiento para contrarrestar la hegemonía de Irán en las rutas marítimas globales.

A continuación, analizamos los pilares de esta expansión y sus repercusiones en un escenario geopolítico altamente volátil.

El reconocimiento de Somalilandia: El «Caballo de Troya» diplomático

El reconocimiento oficial de la República de Somalilandia por parte de Israel en enero de 2026 ha sacudido los cimientos de la Unión Africana. Somalilandia, que funciona como un estado independiente de facto desde 1991 pero carecía de reconocimiento internacional, ofrece a Israel algo que ningún otro país de la zona puede garantizar: una costa estable de 850 kilómetros justo frente a las costas de Yemen.

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Para Israel, Somalilandia no es solo un socio comercial; es una plataforma logística. El acuerdo incluye la apertura de una oficina de enlace con rango diplomático y, lo más importante, un pacto de cooperación en seguridad que permite a la inteligencia israelí (Mossad y Aman) operar estaciones de escucha en las montañas de Golis. Estas instalaciones permiten interceptar comunicaciones de los Houthis y monitorear el lanzamiento de drones y misiles antes incluso de que crucen el Golfo de Adén.

El «Eje de la Estabilidad»: La alianza con los Emiratos Árabes Unidos

Israel no ha llegado al Cuerno de África en solitario. Su avance está profundamente entrelazado con los intereses de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Los EAU han invertido miles de millones en el puerto de Berbera, transformándolo en una terminal de contenedores de clase mundial y una base militar.

La sinergia es clara:

  • EAU aporta la infraestructura y el capital: Controlan los puertos y tienen una relación de años con las élites locales.
  • Israel aporta la tecnología de defensa: Sistemas de defensa aérea C-Dome (la versión naval de la Cúpula de Hierro) y radares de última generación para proteger esas mismas infraestructuras frente a ataques de largo alcance.

Esta alianza crea un «muro defensivo» que intenta cerrar el paso a la influencia iraní, que utiliza Eritrea y las zonas no controladas de Somalia para el contrabando de armas.

El control del Estrecho de Bab el-Mandeb

El cálculo militar de Israel se centra en un punto geográfico crítico: el estrecho de Bab el-Mandeb («La Puerta de las Lamentaciones»). Por este paso circula aproximadamente el 10% del comercio marítimo mundial y gran parte del petróleo que llega a Europa.

Tras los bloqueos sufridos entre 2024 y 2025 por las milicias yemeníes, Israel ha comprendido que no puede confiar únicamente en las coaliciones internacionales lideradas por Estados Unidos. La creación de una Fuerza de Tarea Marítima Permanente basada en puertos amigos del Cuerno de África permite a la Marina israelí (especialmente a sus corbetas clase Sa’ar 6) realizar patrullas de largo alcance sin depender de buques de reabastecimiento constantes desde el puerto de Eilat.

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La respuesta de las potencias regionales: Turquía, Egipto y Arabia Saudí

La irrupción de Israel en una zona tradicionalmente considerada el «patio trasero» de las potencias musulmanas ha generado una fricción inmediata:

  • Turquía: Como principal aliado de la Somalia oficial (Mogadiscio), Ankara ve el reconocimiento de Somalilandia como una amenaza directa a su presencia militar y económica en el Cuerno de África. El gobierno turco ha reforzado su base Camp TURKSOM en Somalia y ha advertido que cualquier establecimiento de bases israelíes será visto como un acto de provocación.
  • Egipto: El Cairo teme que la presencia israelí en el Mar Rojo comprometa su control exclusivo sobre la seguridad del Canal de Suez. Para Egipto, que Israel se convierta en el «árbitro» de la seguridad en el Mar Rojo es un golpe a su prestigio nacional y a sus ingresos por peajes.
  • Eritrea: Aunque mantiene un perfil bajo, el régimen de Isaias Afwerki ha sido históricamente pragmático. Los informes de 2026 sugieren que Israel ha renovado sus contratos de arrendamiento en el monte Amba Sawara para instalar puestos de observación electrónica que miran directamente hacia las bases iraníes en el Golfo Pérsico.

Riesgos de una «Guerra por Delegación»

El mayor peligro de este nuevo cálculo militar es que el Cuerno de África se convierta en el escenario de una guerra subsidiaria (proxy war) entre Israel e Irán. Si Teherán percibe que Israel está logrando un cerco efectivo, podría aumentar su apoyo a grupos insurgentes en Somalia o incluso intentar sabotear las infraestructuras en Somalilandia.

Además, la tensión entre Somalia y Somalilandia podría estallar en un conflicto abierto, obligando a Israel a elegir entre intervenir militarmente para proteger a su nuevo aliado o retirarse, lo que dañaría su credibilidad en la región.

Un nuevo orden en el Mar Rojo

Para enero de 2026, Israel ha dejado claro que su seguridad ya no comienza en sus fronteras, sino a miles de kilómetros, donde se originan las amenazas. El reconocimiento de Somalilandia es la pieza maestra de un tablero donde la tecnología, el control de los puertos y las alianzas poco convencionales dictan quién domina las rutas comerciales del siglo XXI. La «Puerta de las Lamentaciones» tiene ahora un nuevo guardián, y su presencia promete cambiar la geopolítica africana para siempre.

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