Llevamos años escuchando hablar de la microbiota como si fuera un simple reclamo para vender yogures, pero la realidad médica es mucho más compleja, oscura y fascinante de lo que pensábamos. No se trata solo de ir bien al baño o evitar los gases, sino de entender que nuestras bacterias deciden cómo envejecemos y con qué eficacia nos defendemos de las agresiones externas diarias. El doctor Campillo, cirujano y una eminencia en Europa, ha puesto los puntos sobre las íes respecto a este «órgano olvidado» que maltratamos a diario.
Lo inquietante es que la mayoría de nosotros vivimos con un desequilibrio interno del que no somos conscientes hasta que el cuerpo grita basta mediante síntomas difusos que ningún médico logra etiquetar. Resulta que el 90% de nuestro sistema inmune reside allí, en esas tripas a las que solo prestamos atención cuando nos duelen o se hinchan tras una comida copiosa de domingo. Si sigues pensando que tu cerebro es el único que manda en tu cuerpo, prepárate para cambiar de opinión radicalmente.
Más allá de la digestión: por qué tus bacterias dirigen tu vida
La conexión entre el intestino y la cabeza es una autopista de doble sentido donde el tráfico de información es constante y determinante para tu estado de ánimo, mucho más que lo que te pasa en la oficina. De hecho, la ciencia ha demostrado que una microbiota alterada influye en la ansiedad, modificando nuestra percepción del estrés y nuestra capacidad química para gestionarlo sin venirnos abajo. Es pura biología evolutiva, no magia ni autoayuda barata.
El doctor Campillo insiste en que no podemos tratar la salud mental ignorando el estado de nuestra flora intestinal, pues ahí abajo se fabrican gran parte de los neurotransmisores que nos mantienen cuerdos. Por eso, entender este ecosistema es vital, ya que muchas depresiones resistentes a fármacos podrían tener su origen en una disbiosis que nadie se ha molestado en diagnosticar ni tratar correctamente.
La disbiosis silenciosa o el asesino invisible de tu bienestar
Lo llaman «silenciosa» porque no siempre duele de forma aguda, pero va minando la salud célula a célula mediante una inflamación de bajo grado que agota tus recursos energéticos poco a poco. Ocurre que cuando se rompe el equilibrio bacteriano, patógenos oportunistas toman el control del territorio y empiezan a perforar la barrera intestinal sin que te des cuenta de nada. Es un fuego lento que te quema por dentro.
Esta permeabilidad permite que toxinas y bacterias pasen al torrente sanguíneo, activando una alarma inmunológica perpetua que termina agotando al organismo y generando enfermedades crónicas que aparecen «de la nada». El experto advierte con severidad que ignorar estas señales tempranas es peligroso, pues cuando los síntomas son evidentes en una analítica convencional, el daño en los tejidos puede ser ya considerable y difícil de revertir.
Tu ejército personal vive en el intestino y necesita refuerzos
Si te dijeran que casi todas tus defensas están acampadas en los metros finales de tu colon, empezarías a mirar tu dieta con otros ojos y con muchísimo más respeto del que tienes ahora. Los estudios confirman que una microbiota sana entrena a las defensas, enseñándoles a distinguir entre amigos y enemigos para evitar ataques de fuego amigo, como ocurre en las alergias o enfermedades autoinmunes. Sin ellas, estamos vendidos ante cualquier virus.
El problema es que nuestro estilo de vida moderno, cargado de ultraprocesados, conservantes y antibióticos, actúa como una bomba de racimo contra estas bacterias beneficiosas que nos protegen desde hace milenios. Y claro, recuperar la diversidad perdida cuesta mucho, más aún si seguimos bombardeando nuestro interior con estrés laboral y sedentarismo, dos jinetes del apocalipsis bacteriano que campan a sus anchas.
Ni probióticos al azar ni dietas milagro: la medicina de precisión
Tomar cualquier pastilla del herbolario sin saber qué te falta es como intentar arreglar un reloj suizo a martillazos, una estrategia condenada al fracaso absoluto y que puede incluso empeorar tu situación. Campillo aboga firmemente porque el análisis de microbiota sea rutinario, permitiendo diseñar trajes a medida en forma de tratamiento personalizado en lugar de disparar a ciegas esperando acertar con la cepa correcta. La personalización es la única clave del éxito.
El futuro de la medicina preventiva pasa por secuenciar nuestras heces y dejar de tratar al paciente como un protocolo estándar de libro de texto, devolviendo el protagonismo a su ecología interior única. Al final, cuidar a tus inquilinos microscópicos te salvará, porque en esta simbiosis evolutiva, si ellos caen por el precipicio, tú vas detrás sin remedio alguno.






