El dulce aparece muchas veces como una urgencia difícil de ignorar que nos empuja a buscar algo rápido y azucarado casi sin pensarlo, y esto a menudo sucede después de una siesta. A casi todos nos ha pasado alguna vez y solemos achacarlo al cansancio o a la costumbre, pero detrás de esa necesidad hay más explicación de la que parece y no siempre tiene que ver con falta de fuerza de voluntad.
El dulce que apetece al despertar tiene mucho que ver con cómo hemos comido antes de dormir y con pequeños desajustes internos que se activan durante el descanso. Para entenderlo, Álex Sempere Jover, nutricionista, nos habla de la planificación de las comidas y de cómo una alimentación poco equilibrada puede acabar traduciéndose en ese antojo tan concreto y tan común.
3Cómo evitar que el dulce se convierta en una rutina
Una comida equilibrada no solo debe incluir hidratos de calidad, sino también proteínas y grasas saludables, como pescado, carnes blancas, huevos, quesos frescos, aceite de oliva virgen extra, frutos secos o aguacate que ayudan a ralentizar la digestión y a mantener los niveles de glucosa estables durante más tiempo. La verdura, además, aporta volumen y saciedad, algo fundamental para evitar antojos posteriores.
Álex Sempere recuerda que sentir deseo de dulce no es algo negativo en sí mismo, puede ser una respuesta fisiológica o incluso emocional, pues en realidad el problema aparece cuando recurrimos de forma sistemática a productos dulces o ultraprocesados para calmar ese antojo. La clave está en ajustar la alimentación, planificar las comidas y evitar siestas demasiado largas, si aun así aparece el deseo de dulce, opciones como fruta entera, yogur natural o un puñado de frutos secos pueden ser una alternativa más saludable y equilibrada.






