La vesícula suele pasar desapercibida hasta que da problemas y entonces ya es tarde para ignorarla. Ese pequeño órgano, clave en la digestión de las grasas, puede convertirse en una auténtica fuente de molestias cuando aparecen los temidos cálculos, un trastorno más común de lo que parece y que muchas veces se relaciona con los hábitos diarios sin que seamos del todo conscientes de ello.
La vesícula biliar está muy ligada a cómo comemos, a los ritmos del día y también a esos pequeños gestos que repetimos casi sin pensar cada mañana. Por eso no sorprende que algunos especialistas pongan el foco en rutinas cotidianas, como el primer café del día, para intentar cuidar su funcionamiento y reducir el riesgo de que se formen piedras en la vesícula con el paso del tiempo.
1El papel del aceite de oliva en el día a día
La vesícula necesita estímulos regulares para vaciarse correctamente y evitar que la bilis se estanque, uno de los factores que favorecen la aparición de cálculos. En este contexto entra en juego el aceite de oliva, un alimento muy presente en la dieta mediterránea y bien conocido por sus beneficios generales para la salud, aunque no siempre se aprovecha todo su potencial.
El endocrino Antonio Escribano lleva tiempo defendiendo que no solo importa consumir aceite de oliva, sino también cómo y cuándo se hace. Según explica, introducir pequeñas cantidades en momentos concretos del día podría favorecer una respuesta más activa del sistema digestivo, incluida la vesícula, ayudando a que trabaje de forma más eficiente desde primera hora de la mañana.






