Las comidas copiosas suelen llegar asociadas a celebraciones, encuentros familiares, fines de semana largos o simplemente a días en los que apetece comer sin pensar demasiado. El problema no suele ser la comida en sí, sino lo que viene después, esa sensación incómoda de haber comido “demasiado” que se transforma rápidamente en culpa y en una especie de diálogo interno poco amable.
Las comidas copiosas forman parte de la vida real y negarlo solo aumenta el malestar, porque comer también es placer, cultura y descanso mental. Entender por qué aparece esa culpa y cómo gestionarla sin caer en dietas restrictivas es clave para mantener una relación sana con la comida y con el propio cuerpo, sin castigos ni soluciones extremas que suelen acabar en el efecto contrario.
2Qué hacer después de una comida de estas sin castigarse
Tras las comidas copiosas, lo más importante es no reaccionar con prisas ni con castigos, pues cosas como saltarse la siguiente comida, compensar con ayunos forzados o prometer dietas estrictas suelen aumentar la ansiedad y refuerzan el ciclo de culpa, exceso y restricción que tantas veces termina en frustración.
Una alternativa mucho más útil es volver a la rutina habitual con normalidad, hidratarse bien, moverse de forma suave si el cuerpo lo pide y seguir comiendo en la siguiente comida sin miedo. Las comidas “malas” no se “arreglan” dejando de comer, se diluyen solas cuando el conjunto de la alimentación es equilibrado y flexible.





