La culpa tras las comidas copiosas: cómo gestionarla sin caer en dietas restrictivas

Comer de más alguna vez no debería convertirse en un juicio personal, y por eso es importante entender por qué aparece la culpa tras una comida copiosa y aprender a soltarla sin recurrir a dietas restrictivas.

Las comidas copiosas suelen llegar asociadas a celebraciones, encuentros familiares, fines de semana largos o simplemente a días en los que apetece comer sin pensar demasiado. El problema no suele ser la comida en sí, sino lo que viene después, esa sensación incómoda de haber comido “demasiado” que se transforma rápidamente en culpa y en una especie de diálogo interno poco amable.

Las comidas copiosas forman parte de la vida real y negarlo solo aumenta el malestar, porque comer también es placer, cultura y descanso mental. Entender por qué aparece esa culpa y cómo gestionarla sin caer en dietas restrictivas es clave para mantener una relación sana con la comida y con el propio cuerpo, sin castigos ni soluciones extremas que suelen acabar en el efecto contrario.

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Aprender a convivir con este tipo de comidas

“Convivir con todas las comidas”. Fuente: Freepik

Aceptar que las comidas copiosas existen y seguirán existiendo es una forma de cuidarse y de mantener la mente en calma, pues no todas las comidas tienen que ser perfectas ni responder a criterios nutricionales estrictos, algunas están ahí para disfrutar, compartir y crear recuerdos, y eso también es salud.

Cuando se deja de ver las comidas así como un problema y se entienden como algo ocasional, la culpa pierde fuerza. Comer con atención, sin prisas ni distracciones, ayuda además a reconocer mejor las señales de saciedad y a disfrutar más, lo que paradójicamente reduce la necesidad de comer en exceso desde la ansiedad.

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