Defensa ha ejecutado un cambio de paradigma en el acceso a las Fuerzas Armadas, simplificando drásticamente los requisitos físicos para adaptarse a la realidad social y operativa del siglo XXI. Esta decisión busca no solo fomentar el reclutamiento, sino garantizar una coherencia física que acompañe al militar desde su ingreso hasta su retiro, eliminando la disparidad de criterios que existía hasta ahora.
El Ministerio de Defensa ha publicado en el BOE la nueva normativa que reduce a menos de la mitad el número de pruebas para la carrera militar. De las 12 pruebas que debían superarse anteriormente, el sistema se simplifica a tan solo 5 ejercicios básicos. Esta medida, impulsada por Margarita Robles, pretende establecer un estándar común de preparación que sea sostenible y evaluable de forma periódica durante toda la trayectoria profesional del soldado.
Un sistema unificado para el soldado del futuro
La filosofía detrás de este cambio normativo es la «integración normativa». Hasta este miércoles, los militares se enfrentaban a un laberinto de requisitos que cambiaban según la escala o el momento de su carrera. Con el nuevo modelo, todos los miembros de las Fuerzas Armadas se someterán al mismo núcleo de evaluación, lo que facilita el entrenamiento dirigido y reduce la burocracia en los centros de selección. Esta simplificación busca eliminar barreras de entrada innecesarias en un momento donde la competencia por el talento joven es feroz.
El Gobierno defiende que esta reducción no implica una pérdida de operatividad, sino una optimización del esfuerzo. Al centrarse en cinco capacidades clave, el Ejército asegura un estándar de salud y forma física más realista y menos propenso a lesiones por sobreentrenamiento en pruebas específicas obsoletas. No obstante, esta medida ha generado un intenso debate interno sobre si la exigencia física podría verse comprometida a largo plazo. La flexibilidad del sistema permite que, en unidades de élite, los jefes de Estado Mayor puedan elevar los mínimos si el cometido lo requiere.
Las cinco llaves para vestir el uniforme
El nuevo «pentatlón» militar se compone de ejercicios diseñados para medir la funcionalidad real en el campo de batalla. La primera prueba consiste en flexo-extensiones de brazos para evaluar la fuerza-resistencia, seguida de la plancha isométrica para la musculatura abdominal, que sustituye a los clásicos abdominales de repetición por ser más segura para la columna. Además, se mantiene la carrera de 2.000 metros como el gran indicador de la capacidad cardiorrespiratoria del aspirante y del militar en activo.
Las otras dos pruebas que completan el esquema son el circuito de agilidad-velocidad y, para aquellos que opten a las escalas de oficiales y suboficiales, la prueba de soltura acuática de 50 metros. Este diseño busca perfiles equilibrados: soldados que no solo sean resistentes, sino también rápidos y capaces de moverse en medios hostiles. Al unificar estas pruebas para «toda la carrera», el Ministerio lanza un mensaje de estabilidad; el militar sabrá exactamente qué se le va a exigir cada año para mantener su aptitud para el servicio.
Adaptación a la demografía y el reclutamiento
Uno de los grandes retos de las Fuerzas Armadas en 2026 es el relevo generacional. Al facilitar el acceso, Defensa busca atraer a perfiles técnicos que quizá se veían disuadidos por unas pruebas físicas excesivamente complejas o variadas. El nuevo marco permite que el aspirante se prepare de forma mucho más específica, sabiendo que ese esfuerzo tendrá validez durante décadas. Es una estrategia de seducción para una juventud que valora la claridad en las reglas del juego y la estabilidad profesional.
Sin embargo, esta simplificación no ha estado exenta de críticas por parte de los sectores más tradicionales, quienes temen que el estándar de preparación pueda descender peligrosamente. Defensa rebate estos argumentos recordando que la orden ministerial otorga potestad a los mandos para añadir pruebas complementarias. Lo que se ha creado es un «suelo» mínimo garantizado, un núcleo duro de preparación que garantiza que cualquier militar, desde un administrativo hasta un conductor de blindados, mantenga una forma física básica y funcional.
Evaluación periódica: el fin de la relajación
La gran novedad de esta orden no es solo cómo se entra, sino cómo se permanece. El hecho de que las pruebas sean las mismas «durante toda la trayectoria profesional» obliga a una evaluación periódica mucho más rigurosa y uniforme. Ya no habrá sorpresas ni cambios de criterio según el destino; el militar tiene ahora un manual claro de mantenimiento físico. Esto busca atajar el sedentarismo en ciertos rangos y asegurar que el capital humano de Defensa esté siempre listo para el despliegue.
Este estándar común también facilita la labor de los tribunales médicos y de evaluación, que ahora cuentan con métricas comparables a lo largo del tiempo. Si un soldado flaquea en su plancha isométrica a los diez años de servicio, el sistema detecta la bajada de rendimiento bajo los mismos parámetros con los que ingresó. Es un control de calidad continuo que, paradójicamente, al ser más sencillo, se vuelve más difícil de esquivar por falta de claridad o medios para su realización.
El impacto en la enseñanza militar y el agua
Para las escalas de mando (oficiales y suboficiales), el requisito de la piscina sigue siendo el «muro» a superar. La prueba específica de desplazamiento autónomo en el agua es innegociable, reflejando la naturaleza peninsular y expedicionaria de nuestras tropas. Aunque se reduzca el número total de ejercicios, el Gobierno ha querido mantener este filtro para asegurar que los líderes del futuro tengan una polivalencia total en diferentes entornos geográficos.
La integración normativa que publica el BOE es, en definitiva, una apuesta por la eficacia administrativa y la modernización del cuerpo. En un entorno donde la tecnología y los sistemas no tripulados ganan terreno, el soldado ya no necesita ser un atleta de decatlón, sino un profesional resistente, ágil y, sobre todo, sano. España se alinea así con las tendencias de otros ejércitos de la OTAN, que están simplificando sus procesos de selección para priorizar la inteligencia táctica y la resistencia básica sobre la especialización gimnástica.





