La alimentación es una de las primeras cosas que se ponen bajo la lupa cuando alguien supera con creces el siglo de vida y lo hace, además, con buena salud y una rutina tranquila. No hay fórmulas mágicas ni secretos imposibles, pero sí pequeños hábitos que, repetidos durante décadas, parecen marcar la diferencia y despiertan el interés de médicos, expertos en longevidad y también de quienes buscan envejecer mejor.
La alimentación vuelve a estar en el centro de la conversación gracias a Teresa Fernández, la mujer más longeva de España, que a sus 112 años mantiene una vida sencilla, reconocible y muy alejada de modas o tendencias extremas. Su caso no habla de dietas milagro ni de restricciones, sino de constancia, disfrute y una relación natural con la comida que ha sabido mantener a lo largo del tiempo.
1La alimentación sencilla de una vida entera
La alimentación de Teresa nunca ha sido complicada ni especialmente llamativa, y quizá ahí resida parte de su valor. Ha comido siempre lo que tocaba en cada época, productos de su entorno, platos de toda la vida y cantidades ajustadas, sin excesos ni prohibiciones estrictas, algo que sus hijos destacan como una de las claves de su bienestar.
Esa forma de entender la alimentación, basada en la regularidad y el sentido común, se ha mantenido intacta durante décadas. Teresa come con apetito, disfruta de las comidas y mantiene horarios estables, un detalle que muchos expertos consideran fundamental para el buen funcionamiento del organismo, especialmente con el paso de los años.





