La fibra ha pasado años siendo la gran olvidada de la nutrición, siempre presente en el discurso pero rara vez en el plato. Sabemos que es importante, que ayuda a la digestión y que conviene comer más frutas, verduras y legumbres, pero aun así España sigue consumiendo muy por debajo de lo recomendado. Apenas llegamos a unos 18 gramos diarios cuando los expertos insisten en que lo saludable estaría entre 25 y 35 gramos, una distancia que no es menor y que empieza a tener consecuencias visibles en la salud metabólica y emocional.
La ciencia lleva tiempo señalando que su papel va mucho más allá y que puede convertirse en una de las grandes claves de la alimentación del futuro. Así lo explica Carlos Morales, biólogo y tecnólogo de alimentos en Aurora Intelligent Nutrition, que habla de una auténtica revolución silenciosa. Durante años la proteína ha ocupado el centro del escenario, pero ahora la fibra deja de ser secundaria y empieza a reclamar el protagonismo que llevaba tiempo mereciendo.
3La conexión entre intestino y cerebro
La fibra también juega un papel decisivo en el eje intestino-cerebro, una de las áreas más estudiadas en los últimos años. Al nutrir la microbiota, se modulan neurotransmisores vinculados al bienestar emocional, lo que explica por qué una dieta rica en fibra se relaciona con mejor estado de ánimo y menor riesgo de síntomas depresivos. El intestino no solo digiere, también comunica, y la fibra es uno de sus principales lenguajes.
Este vínculo explica por qué los expertos insisten en que no basta con consumir cualquier tipo de fibra. Algunas apenas tienen efecto más allá del tránsito intestinal, mientras que otras influyen directamente en la inflamación sistémica y en la diversidad microbiana. Por eso Morales insiste en la importancia de elegir la fibra adecuada y adaptarla a cada etapa de la vida, especialmente en personas mayores, donde la tolerancia digestiva es clave para mantener la constancia.






