La grasa ha sido durante años la gran señalada en cualquier conversación sobre peso y salud, pues se nos repitió hasta la saciedad que para adelgazar había que eliminarla del plato, como si fuera el origen de todos los males. Menos grasa significaba, supuestamente, menos grasa corporal, una ecuación sencilla que sonaba bien pero que no encajaba del todo con lo que muchas personas vivían en su propio cuerpo.
Este elemento, lejos de desaparecer cuando la evitamos, muchas veces se queda aún más agarrada, y no por rebeldía ni por falta de disciplina, sino por pura biología. Así lo explica la psiconutricionista Sonia Lucena, que lleva años insistiendo en que el cuerpo no busca la delgadez, busca seguridad, y cuando siente amenaza o escasez, se protege de la única forma que conoce.
2Por qué eliminar la grasa frena el metabolismo
La grasa no es solo una reserva, es un nutriente esencial, ya que forma parte de nuestras células, participa en la producción hormonal, cuida del sistema nervioso y del cerebro y contribuye a una saciedad real, así que cuando falta durante mucho tiempo, el equilibrio se rompe y el metabolismo se ralentiza para adaptarse a esa supuesta escasez.
En ese escenario aparece el efecto rebote que tantas personas conocen bien. No porque falte fuerza de voluntad, sino porque el cuerpo aprende que puede volver la escasez y se vuelve cada vez más eficiente acumulando grasa y menos dispuesto a utilizarla. Cada nueva dieta refuerza esa sensación de amenaza y hace más difícil salir del ciclo.





