El atún lleva décadas instalado en nuestra despensa como ese salvavidas al que recurrimos cuando no hay tiempo, cuando la nevera está medio vacía o cuando buscamos algo fácil y aparentemente saludable. Sin embargo, detrás de esa imagen de alimento práctico y cotidiano, el atún también arrastra la preocupación del mercurio, algo que cada vez suena más fuerte. No todo el mundo lo tiene en cuenta, pero el consumo habitual de este pescado puede implicar una mayor exposición a metales pesados si no se elige bien.
La buena noticia es que no todo el atún en lata es igual, ni todos acumulan la misma cantidad de mercurio. Saber leer la etiqueta y entender de qué tipo estamos comprando puede marcar una gran diferencia en nuestra alimentación semanal. Así lo explica la nutricionista Blanca García-Orea, conocida en redes sociales como @blancanutri, que ha puesto el foco en un detalle que muchos pasan por alto cuando cogen una lata del estante del supermercado.
2El problema del atún claro y su tamaño
El atún claro, en cambio, procede de especies de mayor tamaño, con peces que pueden llegar a pesar hasta 200 kilos y que viven más tiempo, lo que se traduce en una mayor acumulación de mercurio en su organismo. Esto no significa que haya que desterrarlo por completo, pero sí entender que no es la mejor opción si se consume varias veces a la semana.
García-Orea insiste en que el riesgo no está en tomar una lata de atún claro de forma puntual, sino en convertirlo en un básico diario. El mercurio se acumula en el cuerpo, así que cuanto más frecuente sea el consumo de este tipo de pescado, mayor será la exposición. Por eso, si no se encuentra del que solo pone “atún” en la etiqueta, lo más sensato es moderar la cantidad semanal.






