El atún lleva décadas instalado en nuestra despensa como ese salvavidas al que recurrimos cuando no hay tiempo, cuando la nevera está medio vacía o cuando buscamos algo fácil y aparentemente saludable. Sin embargo, detrás de esa imagen de alimento práctico y cotidiano, el atún también arrastra la preocupación del mercurio, algo que cada vez suena más fuerte. No todo el mundo lo tiene en cuenta, pero el consumo habitual de este pescado puede implicar una mayor exposición a metales pesados si no se elige bien.
La buena noticia es que no todo el atún en lata es igual, ni todos acumulan la misma cantidad de mercurio. Saber leer la etiqueta y entender de qué tipo estamos comprando puede marcar una gran diferencia en nuestra alimentación semanal. Así lo explica la nutricionista Blanca García-Orea, conocida en redes sociales como @blancanutri, que ha puesto el foco en un detalle que muchos pasan por alto cuando cogen una lata del estante del supermercado.
3Cuánto comer y cómo elegirlo mejor
Más allá del tipo de atún, la frecuencia de consumo también es importante. La nutricionista recomienda no superar una o dos latas de atún por semana, especialmente en adultos, y ser aún más prudentes en el caso de niños, embarazadas o personas que ya consumen otros pescados grandes con regularidad. Variar las fuentes de proteína marina ayuda a reducir riesgos y a tener una dieta más equilibrada.
El envase también es muy importante, por eso, siempre que sea posible, es mejor optar por es que es envasado en vidrio en lugar de lata, ya que así se evitan posibles metales procedentes del propio proceso de enlatado. En cuanto al líquido de cobertura, el atún al natural, en aceite de oliva o en escabeche es una buena opción, aunque conviene saber que el escabeche suele llevar algo de aceite de girasol añadido.






