El Canal de la Mancha se ha convertido en el último tablero de una guerra fría que ya no se esconde bajo el agua, sino que se exhibe en la superficie con un mensaje directo al Kremlin.
La Royal Navy ha interceptado buques rusos en una operación relámpago que subraya la tensión máxima en el patio trasero de Europa. Con el despliegue de los patrulleros HMS Mersey y HMS Severn, apoyados por helicópteros Wildcat, el Reino Unido ha lanzado una advertencia inusual por su dureza: Londres sabe exactamente qué hace la marina de Putin en cada milla náutica que recorre cerca de sus costas.
El «juego del gato y el ratón» en el Paso de Calais
La interceptación no ha sido un encuentro fortuito, sino una coreografía militar perfectamente coordinada con los aliados de la OTAN. La corveta rusa Boikiy y el petrolero General Skobelev fueron detectados desde el Golfo de Vizcaya y monitorizados mediante sensores de alta precisión mientras cruzaban frente a la Isla de Wight.
Esta vez, el tono del Gobierno británico ha abandonado la diplomacia habitual para adoptar un lenguaje de combate verbal. No se trata solo de vigilar el paso de barcos extranjeros, sino de demostrar que la vigilancia de la Marina Real es total y que cualquier movimiento del Kremlin hacia el Mar del Norte es rastreado en tiempo real, dejando claro que el factor sorpresa de Moscú ha dejado de existir.
La caza de la «flota en la sombra» de Putin
Más allá de los buques de guerra, el Reino Unido y Francia han puesto sus ojos en un enemigo mucho más escurridizo: los mercantes que burlan las sanciones. Durante la misma operación, la patrullera HMS Dagger rastreó al petrolero Grinch en Gibraltar, un navío identificado como parte de la «flota en la sombra» que Rusia utiliza para financiar su invasión en Ucrania.
El asalto y abordaje de este petrolero por parte de fuerzas francesas marca un punto de inflexión en la estrategia europea. Al parecer, el objetivo ya no es solo mirar, sino asfixiar los fondos de Putin mediante el control físico de los barcos que transportan crudo sancionado. Es, básicamente, un bloqueo encubierto bajo el paraguas de la seguridad marítima.
Londres enseña los dientes tras el Mediterráneo
Los buques rusos interceptados regresaban de una misión en el Mediterráneo, una zona donde la actividad de Moscú ha crecido exponencialmente en los últimos meses. Sin embargo, al entrar en el Canal de la Mancha, se encontraron con un muro de buques de guerra y aeronaves que les recordaron que el Atlántico Norte sigue siendo territorio OTAN.
Lo que resulta fascinante para cualquier analista es la rapidez con la que se están sucediendo estos encuentros. Hace apenas dos semanas, el destructor Severomorsk también fue escoltado por el mismo estrecho; es evidente que el despliegue naval ruso en Europa busca poner a prueba los nervios y los tiempos de respuesta de las marinas occidentales.
Tecnología Wildcat: el ojo que todo lo ve desde el cielo
En estas misiones de escolta, el verdadero protagonista silencioso es el helicóptero Wildcat del escuadrón 815. Gracias a su capacidad de vigilancia electro-óptica, este aparato permite mantener una imagen táctica clara sin necesidad de que las fragatas se acerquen demasiado, evitando incidentes internacionales innecesarios pero manteniendo la presión constante.
Los mandos británicos presumen de una integración impecable con sus aliados, entregando el «relevo» de los barcos rusos a franceses o belgas como si de una carrera de fondo se tratara. Esta cooperación naval de la OTAN es la respuesta directa a los intentos de Putin de dividir a Europa mediante demostraciones de fuerza en sus principales arterias comerciales.
El mensaje político: de la vigilancia a la disuasión
El ministro de las Fuerzas Armadas, Al Carns, no ha dejado lugar a la interpretación: cada vez que un barco ruso se acerque, habrá una patrullera esperando. El Reino Unido quiere proyectar una imagen de resiliencia y capacidad de defensa absoluta, especialmente en un momento en que la guerra en Ucrania parece estancarse y la tensión se desplaza hacia las fronteras marítimas.
Es probable que veamos más interceptaciones de este tipo en los próximos meses mientras el Kremlin siga intentando mover sus piezas por el tablero global. Por ahora, los marineros británicos han vuelto a casa con la satisfacción de quien ha ganado un asalto psicológico, demostrando que la defensa del Reino Unido no descansa, ni siquiera cuando los barcos rusos solo van «de paso».






