Los hechos ocurrieron el pasado 13 de enero, cuando un interno clasificado en FIES 4 (fichero de internos de especial seguimiento), reservado para determinados perfiles que condicionan el movimiento dentro de los centros por sus características de peligrosidad, remitió una carta a una funcionaria del módulo con un contenido que evidencia una clara fijación personal y una conducta de acoso, con frases como «llevo tiempo observando cómo trabajas», «me gustaría que tomásemos un café y conocernos mejor» o «te facilito mi nombre en Facebook y mi teléfono».
La trabajadora, actuando de manera absolutamente profesional, comunicó de inmediato los hechos a la Dirección del centro, desde donde se le comunicó que el interno sería trasladado a otro Centro penitenciario como medida de protección.
Sin embargo, a fecha 22 de enero, dicho traslado no se ha materializado, lo que actualmente obliga a la funcionaria a seguir coincidiendo con el interno en el módulo o, en su defecto, a que sea ella quien tenga que ser apartada de su puesto habitual. Esta situación supone, en la práctica, un castigo al trabajador que actúa correctamente, mientras que el autor de la conducta de acoso no asume consecuencia alguna.
Desde el sindicato de funcionarios ACAIP «denunciamos que esta situación pone de manifiesto una alarmante doble vara de medir por parte de la Administración Penitenciaria. Resulta especialmente grave que estos hechos se produzcan apenas unos días después de la publicación de la Instrucción I-1/2026, por la que se aprueba el Protocolo de actuación para la prevención, protección y atención de las personas privadas de libertad víctimas de violencia sexual en el medio penitenciario».
FUNCIONARIA VÍCTIMA
En dicha instrucción, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias establece la obligación de actuar de forma inmediata ante cualquier indicio de violencia o acoso, priorizando la protección de la víctima, adoptando medidas preventivas urgentes y evitando cualquier revictimización. Sin embargo, cuando la víctima es una trabajadora penitenciaria, la respuesta administrativa se retrasa, se minimiza el riesgo y se deja al personal expuesto.
Desde ACAIP «denunciamos que esta situación evidencia una preocupante contradicción en la gestión penitenciaria: mientras se desarrollan protocolos exhaustivos para la protección de los internos ante cualquier situación de violencia o acoso, no existe la misma diligencia ni sensibilidad cuando quien sufre el acoso es una funcionaria, priorizando de facto los derechos del agresor frente a la seguridad de la víctima».
La seguridad del personal penitenciario «no puede quedar supeditada a la inacción administrativa ni a decisiones que trasladan el problema a la víctima. Cambiar de puesto a la funcionaria no es una solución, es una injusticia», añaden desde el sindicato de funcionarios de prisiones.
Desde ACAIP han exigido «la adopción inmediata de medidas reales y eficaces para proteger a la funcionaria afectada. El traslado urgente del interno, tal y como fue comunicado por la Dirección. La aplicación de protocolos de prevención y actuación frente al acoso también para los trabajadores penitenciarios. Que se ponga fin a una política que penaliza al personal que actúa correctamente y denuncia situaciones de riesgo. Sin trabajadores protegidos no hay seguridad, ni tratamiento, ni sistema penitenciario posible».
No es el primer incidente en Sevilla II. En agosto de 2025 un preso de esta misma cárcel agredió a un funcionario, le propinó un puñetazo rompiéndole dos costillas y le dio un mordisco en el brazo.
El 30 de agosto, sobre las 17:00h de la tarde, tras la bajada de celdas y una vez que
los funcionarios ya estaban en la sala de día, un interno identificado por las siglas F.G.L., comenzó a desafiar a los funcionarios gritando frases incoherentes como: «Me estáis castigando, no me dejáis dormir porque me tenéis activado» y «apagadme de una vez, dejadme dormir».
Entonces los funcionarios, en aplicación del protocolo, le pidieron al interno que pasara a la zona de seguridad para aislar la situación que estaba provocando y así tratar de calmarle. Pese a los múltiples intentos de los funcionarios para calmar al interno, éste no se mostraba receptivo, y al contrario, cada vez se iba poniendo más tenso y violento.
En ese momento, de forma repentina, el interno agarró por el cuello a uno de los funcionarios, le propinó golpes en el costado, llegando a romperle dos costillas, además de morderle en el brazo.





