Málaga es mucho más que sol, arena y espetos frente al mar, aunque esa imagen siga siendo una de sus grandes cartas de presentación. La ciudad lleva años demostrando que tiene pulso cultural, vida en la calle y una personalidad que se disfruta mejor cuando uno se aleja un poco de la orilla y se deja llevar por otros planes igual de irresistibles.
Está ciudad se ha reinventado sin perder su esencia, mezclando historia, arte, gastronomía y barrios con alma propia. Por eso, más allá de la playa, hay experiencias que ayudan a entender de verdad la ciudad, a caminarla sin prisas y a descubrir por qué cada vez más gente repite visita buscando algo más que un chapuzón.
1Perderse por el centro histórico de Málaga y subir a la Alcazaba
Recorrer el centro histórico de Málaga es una de esas cosas que nunca decepcionan, incluso aunque ya se haya hecho antes. Calles como Larios, Granada o Alcazabilla invitan a pasear sin rumbo fijo, a entrar en pequeñas tiendas, a sentarse en una terraza y a observar cómo conviven turistas y malagueños con naturalidad. El ambiente cambia según la hora del día, pero siempre mantiene ese punto animado y cercano que define a la ciudad.
La subida a la Alcazaba es el complemento perfecto a ese paseo. Desde dentro, Málaga se contempla con otra perspectiva, con el puerto, la catedral y el casco urbano extendiéndose a los pies de la fortaleza. No es solo una visita histórica, es también una forma de entender cómo la ciudad ha crecido alrededor de este enclave clave, mezclando pasado y presente sin estridencias.






