Málaga es mucho más que sol, arena y espetos frente al mar, aunque esa imagen siga siendo una de sus grandes cartas de presentación. La ciudad lleva años demostrando que tiene pulso cultural, vida en la calle y una personalidad que se disfruta mejor cuando uno se aleja un poco de la orilla y se deja llevar por otros planes igual de irresistibles.
Está ciudad se ha reinventado sin perder su esencia, mezclando historia, arte, gastronomía y barrios con alma propia. Por eso, más allá de la playa, hay experiencias que ayudan a entender de verdad la ciudad, a caminarla sin prisas y a descubrir por qué cada vez más gente repite visita buscando algo más que un chapuzón.
3Tapear en barrios con sabor local
Más allá del centro y del paseo marítimo, Málaga guarda barrios donde la gastronomía se vive de otra manera. El Soho, El Perchel o incluso zonas de la Trinidad ofrecen bares y tabernas donde el tapeo mantiene ese aire auténtico que muchos buscan. Aquí no se trata de platos sofisticados, sino de buen producto, recetas de siempre y precios que invitan a probar más de uno.
Sentarse en uno de estos bares es también una forma de conocer Málaga desde dentro, escuchando conversaciones, viendo cómo la gente se saluda y entendiendo el ritmo real de la ciudad. Es un plan sencillo, sin artificios, pero probablemente uno de los que mejor resumen el carácter malagueño y dejan ganas de volver, incluso cuando la playa ya ha quedado en segundo plano.






