El atún forma parte de la rutina alimentaria de millones de personas y está presente en casi todas las despensas como ese recurso rápido al que recurrimos cuando no hay tiempo o ideas. Este alimento parece una opción cómoda, barata y saludable, perfecta para improvisar una comida sin complicaciones, y quizá por eso rara vez nos detenemos a pensar qué tipo de atún estamos consumiendo realmente ni qué diferencias existen entre unas latas y otras.
El problema es que este producto no es tan homogéneo como solemos creer. Bajo un mismo nombre se esconden especies distintas, tamaños muy diferentes y, sobre todo, niveles de mercurio que no siempre son los más adecuados para un consumo frecuente. Esto es precisamente lo que ha querido aclarar la nutricionista Blanca García-Orea, que ha puesto el foco en un detalle clave que muchas veces pasa desapercibido en el supermercado.
2El mercurio, el gran motivo de precaución con este alimento
El atún es un pescado depredador y eso explica por qué el mercurio se convierte en un factor tan importante a la hora de valorar su consumo. Este metal pesado llega al mar a través de la contaminación del agua y va pasando de unos peces a otros, acumulándose especialmente en los de mayor tamaño.
Un consumo elevado de atún con alto contenido en mercurio puede resultar especialmente problemático en niños y mujeres embarazadas, aunque en adultos también puede provocar efectos indeseados como problemas neurológicos, temblores, insomnio o debilidad muscular. Por eso los expertos insisten en no abusar del atún y en tener en cuenta no solo la cantidad, sino también el tipo que se elige.






