Encontrar una playa virgen en el litoral español, sin un bloque de apartamentos tapando el horizonte, suele parecernos una misión imposible a estas alturas de la película turística. Sin embargo, todavía quedan reductos de resistencia donde la naturaleza impone sus propias reglas y nos recuerda cómo era la costa antes del ladrillo. al.
Aquí el plan no consiste en pagar por tumbarse en una cama balinesa, sino en conquistar el terreno con tus propios pies y maravillarte con lo que encuentras al final del camino. Es curioso cómo el esfuerzo de llegar a pie filtra al tipo de visitante, dejando estas orillas reservadas para los verdaderos amantes del mar y la tranquilidad.
¿Es Marte o es la costa de Almería?
Lo primero que te golpea al llegar a Almería no es el olor a crema solar, sino la inmensidad de un paisaje volcánico que, honestamente, intimida un poco por su belleza descarnada y ocre. Lejos de las postales verdes del norte, aquí la aridez se convierte en arte y forma un telón de fondo dramático para unas aguas increíblemente cristalinas.
No esperes encontrar la típica arena fina y blanca del Caribe, porque el encanto de esta zona reside en su geología oscura, sus piedras pulidas y esa arena gruesa que no se te pega al cuerpo. Al caminar por estos senderos, uno siente que está pisando un escenario de película, y no es una exageración, ya que directores de todo el mundo han usado estas dunas y rocas para rodar desde westerns hasta aventuras de Indiana Jones.
El desafío de la Playa de los Muertos
Si hay un nombre que impone respeto y curiosidad a partes iguales en toda la guía turística de la zona, ese es sin duda el de esta mítica orilla de Carboneras. Muchos dicen que es la mejor playa de España, pero la realidad es que su belleza tiene un precio físico, pues el acceso requiere bajar (y luego subir) un sendero empinado de unos quince minutos que pone a prueba las piernas de cualquiera bajo el sol de justicia.
El nombre macabro, que proviene de los naufragios que las corrientes arrastraban hasta aquí antiguamente, contrasta con la vitalidad y la transparencia absoluta de sus aguas color turquesa. Es fundamental que sepas que el viento de levante puede ser traicionero, así que conviene consultar la previsión antes de aventurarse a bajar con la nevera a cuestas y la sombrilla.
San José y el lujo de hacer snorkel por cero euros
Para quienes prefieren tener un campamento base con algo más de civilización pero sin perder el encanto de pueblo pesquero, la localidad de San José es el epicentro estratégico perfecto. Desde aquí parten los caminos de tierra hacia orillas míticas como Mónsul o Genoveses, y lo mejor es que no necesitas gastar en excursiones organizadas para disfrutar de una fauna marina espectacular a pocos metros de la orilla. Con unas simples gafas de buceo y un tubo del Decathlon, tienes acceso VIP a praderas de Posidonia y bancos de peces.
El senderismo litoral es la otra gran actividad que no te costará ni un céntimo y que te regala vistas panorámicas que en otros destinos te cobrarían como «experiencia premium». Recorrer los acantilados al atardecer, cuando el sol tiñe de rojo la roca volcánica, es un momento en el que te das cuenta de lo poco que necesitas para ser inmensamente feliz durante las vacaciones. Olvídate de los parques temáticos acuáticos; aquí la diversión consiste en explorar calas minúsculas donde a veces, con suerte, no hay absolutamente nadie más que tú.
Gastronomía y vida lenta lejos del resort
Lo irónico de este viaje es que, mientras en otros destinos pagas un dineral por «desconectar», en Cabo de Gata la desconexión viene de serie y la vida transcurre a un ritmo deliciosamente lento. Comer aquí sigue manteniendo la esencia del sur: buen pescado, tomates que saben a huerta y esa costumbre tan sana de que la tapa venga incluida con la bebida en muchos bares de la provincia de Almería. No hace falta reservar mesa en restaurantes con estrella Michelin para comer como un rey tras un día de salitre y sol.
Al final del día, cuando te quitas la sal de la piel y te sientas en una terraza de San José o Las Negras, entiendes por qué este lugar engancha tanto a quienes huyen del turismo de masas prefabricado. La verdadera exclusividad no es que te pongan una pulsera en un hotel de cinco estrellas, sino saber que mañana volverás a una cala salvaje donde el único dueño del horizonte serás tú, y todo por menos de lo que te cuesta un café en la plaza mayor de tu ciudad.






