1 de cada 7 españoles tiene esta enfermedad que no da síntomas, confirmado por la OMS

Las estadísticas no suelen mentir y los nefrólogos españoles llevan años lanzando una advertencia que, por desgracia, cae en saco roto demasiadas veces. Estamos ante una patología que avanza sin hacer ruido, deteriorando la salud de millones de personas que se creen sanas, hasta que un simple análisis revela una realidad que podría haberse evitado mucho antes con un diagnóstico precoz.

La enfermedad no es solo un datos que maneja la OMS y la Sociedad Española de Nefrología, es un auténtico jarro de agua fría para cualquiera. Lo más inquietante es que podrías tenerla ahora mismo sin notar absolutamente nada, porque se comporta como un asesino silencioso que no da la cara hasta que el daño es, lamentablemente, irreversible y grave en la mayoría de los casos.

Vivimos preocupados por el colesterol o la tensión, ignorando que nuestros riñones pueden estar pidiendo auxilio a gritos mudos mientras nosotros seguimos con nuestra rutina diaria de estrés y mala alimentación. La realidad clínica demuestra que dos de cada tres afectados desconocen por completo su diagnóstico, una cifra que debería avergonzarnos como sociedad y que nos obliga a plantearnos si realmente estamos cuidando lo que importa o solo parcheando síntomas visibles.Una epidemia silenciosa que ya afecta a siete millones de españoles

Enfermedad: Quizá pienses que es cosa de otros, pero es mas común de lo que imaginas

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No estamos hablando de una dolencia exótica ni de algo que solo ocurra en la tercera edad, sino de una realidad que golpea al 15% de la población adulta en nuestro país. Lo cierto es que uno de cada siete españoles convive con el deterioro progresivo de sus funciones renales, muchas veces sin sospechar siquiera que su filtro vital está perdiendo eficacia minuto a minuto mientras hacen su vida.

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El gran problema de este mal es su increíble capacidad para camuflarse durante años, permitiendo que el paciente haga vida absolutamente normal mientras sus órganos se van apagando lentamente por dentro. Los expertos confirman que los síntomas tardan en aparecer, mostrándose de forma evidente solo cuando la función renal ha caído por debajo del preocupante umbral del 10%, momento en el que las opciones se reducen drásticamente.

¿Por qué esta enfermedad se ha disparado sin que nos demos cuenta?

La culpa no es de la mala suerte, sino de un estilo de vida que hemos normalizado peligrosamente y que incluye el sedentarismo, la diabetes mal controlada y la hipertensión arterial desbocada. Ocurre que estos factores de riesgo se combinan para crear una tormenta perfecta en nuestro organismo, castigando a los riñones con una carga de trabajo tóxica que, a la larga, resultan incapaces de gestionar eficazmente.

A esto hay que sumarle el envejecimiento de la población, aunque sería un error garrafal pensar que esto solo le toca a los abuelos que ves en la sala de espera del centro de salud. De hecho, el perfil del paciente está cambiando y cada vez vemos más diagnósticos en personas jóvenes que, confiadas en su vitalidad, han descuidado su salud cardiovascular y metabólica creyéndose invencibles frente al paso del tiempo.

La prueba sencilla que destapa cualquier enfermedad del riñón

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Lo irónico de todo este asunto es que no necesitamos escáneres futuristas ni pruebas dolorosas para saber si nuestros filtros están funcionando como deben o si necesitan ayuda urgente de un especialista. Basta saber que un simple análisis de sangre y orina es suficiente para medir la creatinina y la presencia de albúmina, dos chivatos infalibles que alertan al médico mucho antes de que sea demasiado tarde.

Sin embargo, la rutina de los chequeos médicos de empresa o de atención primaria a veces pasa por alto estos marcadores específicos si no se solicitan con una intención clara de búsqueda. Por eso es fundamental pedirle a tu médico que revise explícitamente la salud renal, especialmente si tienes antecedentes familiares, diabetes o la tensión alta, para no llevarte sustos innecesarios que te cambien la vida.

Lo que pierdes si decides ignorar a tus riñones

Cuando el riñón falla, no solo tienes problemas para orinar; todo el equilibrio químico de tu cuerpo se desmorona, afectando al corazón, los huesos y la calidad de la sangre de forma dramática. La medicina advierte que la diálisis o el trasplante son los destinos finales de este viaje si no ponemos freno antes, tratamientos que son auténticos salvavidas pero que condicionan la rutina diaria de una forma que nadie desea experimentar.

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La buena noticia, si es que podemos llamarla así, es que la detección precoz permite frenar el avance del daño y mantener una calidad de vida más que aceptable durante décadas sin llegar a extremos. Al final, cuidarse es mucho más barato y sencillo que tratar una patología avanzada, así que bebe agua, vigila la sal en las comidas y, por favor, no te saltes la próxima analítica anual.

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