Resulta curioso cómo a veces buscamos el paraíso al otro lado del mundo cuando tenemos una isla mediterránea espectacular escondida casi a plena vista en los mapas de toda la vida. Me refiero a ese lugar donde el sol parece tener un contrato de exclusividad y, créanme, la masificación todavía no ha asfixiado el encanto local como ocurre tristemente en nuestros archipiélagos cada mes de agosto.
No estoy hablando de las típicas Cícladas griegas ni de la costa italiana que te cobra hasta por respirar su aire salino. Aquí la historia se tropieza contigo en cada esquina y, afortunadamente, los precios permiten pedir otra ronda sin tener que plantearse hipotecar la casa a la vuelta de las vacaciones.
Isla mediterránea: ¿Por qué estamos traicionando a las Baleares?
Mallorca es maravillosa, nadie lo discute, pero seamos honestos: pelear por un metro cuadrado de arena en Caló des Moro no es descansar, es pura supervivencia básica. Muchos veteranos del veraneo nacional se han dado cuenta de que la tranquilidad se ha mudado al este, buscando refugio en Chipre, donde el turista sigue siendo tratado como un invitado y no como un simple cajero automático con patas.
Chipre ofrece esa atmósfera relajada que Magaluf perdió hace décadas entre neones, excesos y despedidas de soltero de bajo presupuesto británicas. Lo mejor de esta huida es que al aterrizar sientes que el tiempo transcurre a otra velocidad, una mucho más humana donde nadie te mete prisa con la cuenta para liberar la mesa del chiringuito.
Afrodita nació aquí y sabía elegir bien su isla mediterránea
Dicen que la diosa del amor surgió de la espuma del mar en Petra tou Romiou, y basta ver un solo atardecer allí para entender que los mitos tienen base real. Es fascinante caminar por tierras donde se cruzan los imperios de occidente y oriente, dejando una huella cultural profunda que va mucho más allá de la simple rutina de sombrilla, toalla y crema solar.
Paphos y sus mosaicos no tienen absolutamente nada que envidiar a las ruinas romanas más famosas que nos venden en los tours clásicos y masificados de Italia. Lo curioso es ver cómo conviven los minaretes con las iglesias ortodoxas, creando un paisaje donde la diversidad arquitectónica te deja mudo mientras intentas procesar tanta belleza junta en una capital, Nicosia, que sigue dividida.
Olvida la ensaimada: el reino del Halloumi y el Meze
Si eres de los que viaja con el estómago por delante, prepárate para un festín que mezcla lo mejor de la cocina griega con el toque especiado de Turquía y el Líbano. Sentarse en una taberna chipriota tradicional significa asumir que los platos no dejan de llegar a la mesa hasta que tú y tus acompañantes levantáis la bandera blanca de rendición absoluta ante la abundancia.
Y no hablamos de comida prefabricada para guiris despistados, sino de producto local, fresco y tratado con un respeto que ya quisieran muchos restaurantes con estrella y mantel de hilo. El queso Halloumi a la parrilla es obligatorio, y te aseguro que su sabor ahumado se quedará grabado en tu memoria gustativa mucho más tiempo que cualquier buffet libre de hotel todo incluido.
El truco final: cómo llegar antes de que se ponga de moda
Aunque parezca que Chipre está en el fin del mundo, las conexiones aéreas desde España han mejorado drásticamente en los últimos años con vuelos más frecuentes. Lo inteligente es reservar ahora, porque los grandes operadores turísticos ya han olido el negocio y los precios empezarán a subir como la espuma en cuanto se corra la voz de forma masiva este verano.
Mi consejo de viejo zorro es alquilar un coche nada más llegar y perderse por las montañas de Troodos antes de bajar a las famosas calas de Ayia Napa. Chipre no es un destino para quedarse quieto en el resort, es un lugar donde la aventura recompensa a los curiosos que se atreven a salir del camino marcado por las guías turísticas convencionales.








