Los alimentos tóxicos no siempre se presentan con un aspecto alarmante ni vienen acompañados de un olor extraño que nos haga sospechar de inmediato. Muchas veces están ahí, en la nevera o en la despensa, camuflados entre rutinas heredadas y costumbres que aprendimos en casa, como la de no tirar comida y aprovecharlo todo hasta el final. Una práctica sensata, sí, pero que también puede jugarnos una mala pasada si no sabemos cuándo parar.
Los alimentos tóxicos forman parte de esas excepciones que conviene conocer bien, porque el riesgo no siempre se ve a simple vista. Miguel Assal, experto en emergencias, ha querido poner el foco en tres productos muy comunes que solemos tener en casa y que, en determinadas condiciones, nunca deberían consumirse, por mucho que nos cueste tirarlos a la basura.
1Frutas con moho, el peligro que no se ve
Los alimentos tóxicos pueden esconderse incluso en algo tan cotidiano como una fruta aparentemente sana. El ejemplo que pone Assal es una naranja con una zona visible de moho. El gesto automático de muchos es cortar la parte dañada y aprovechar el resto, convencidos de que así se evita el desperdicio, pero esa decisión no es tan inocente como parece.
Cuando aparece moho, explica el experto, el hongo ya ha liberado toxinas por toda la pieza, aunque no se vean ni se noten en el sabor. Es decir, la fruta entera queda comprometida, no solo la zona afectada. En este caso, no hay truco casero que valga, lo más seguro es desecharla entera y evitar riesgos innecesarios para la salud.





